Cuando el horror habló por sí solo: Ámbar y la invisibilización de la niñez

A Ámbar le fallamos todes. Le falló la justicia, el Estado, las leyes. Le falló un sistema patriarcal que dejó libre a un femicida, pero le fallaron también las instituciones y cultura adultocéntrica que no fueron capaces de verla, de prever, de proteger, como le han fallado también a Lissette y a tantas otras.

Se habla de Hugo Bustamante. Se habla de la madre. Se habla de los Medios de Comunicación. Pero, ¿les parece si hablamos de Ámbar?

Ámbar era una adolescente de Villa Alemana. No vivía con su mamá, tampoco con su papá. Según relatan diversos medios de comunicación, vivía con la hija de la ex pareja de su mamá, hombre a quien acusó de abuso sexual.

Ámbar participaba de manera ambulatoria en un Programa de Intervención Especializada, ejecutado por un organismo colaborador del Sename, esto por orden del Tribunal de Familia de Villa Alemana. Antes, ya había estado institucionalizada con su hermano en un hogar de Limache.

A Ámbar le asignaron un curador al litem, pero, aun así, recién a los 5 días desde su desaparición, se activó un seguimiento de su caso y gestionaron procedimientos relacionados a la irregularidad de quién ejercía su rol de cuidador/a y lugar de vivienda, y sobre el conviviente de su madre, Hugo Bustamante.

Ámbar habría sido víctima de explotación sexual infantil en Valparaíso. Ámbar huyó de su casa donde vivía con su mamá, para escapar del entorno de un hombre condenado por matar y enterrar en un tambor a una mujer y su hijo. Ámbar iba en camino a la casa de su madre a cobrar la pensión de alimentos que le enviaba su padre, como lo hacía todos los meses.

Ámbar, a sus 16 años, fue víctima de un femicida, pero también de un sistema adultocéntrico que la invisibilizó hasta que el horror habló por sí solo.

Históricamente, la minoría de edad se levanta como justificación para la subordinación de la niñez, conformando así, como señala Lourdes Gaitán (2006) un grupo de “minoría social”, donde la condición de menor de edad de sus miembros los discrimina en cuanto a acceso a derechos, representación, poder, bienestar y prestigio.

El adultocentrismo merma el acceso de la niñez a la justicia en diversos ámbitos, como el económico, político, cultural y de autonomía. La falta de autonomía y capacidad de los niños y niñas de influir en su vida y entorno genera que la percepción social de ellos sea opaca o nula. La infancia solo emerge en lo público cuando es conflictiva, cuando su comportamiento introduce incertidumbre o revela el comportamiento adulto de poder hacia ella: cuando ya no es posible ocultar el maltrato como pormenores de la vida privada ni evadir la desprotección de un sistema en papeleos burocráticos, porque los siniestros antecedentes de un asesino destapan lo que cientos de niñas y niños gritan a diario.

Como señala “El aporte de los Nuevos Estudios Sociales de la infancia y el Análisis Crítico del Discurso”, los mecanismos que controlan y restringen a niños y niñas se justifican pues “se asume que ellos no han desarrollado suficientemente su moralidad y autonomía”. Pero Ámbar, pese a un historial de abusos y abandono, sí intentó a acceder a la justicia y protección Estatal desde su autonomía. Ámbar alzó su voz, denunció. Ámbar dejó, por cuenta propia y sin ninguna garantía, ese entorno que a todas luces revestía un peligro para ella. Ámbar fue asesinada cuando fue a buscar su pensión, porque a su 16 ya se hacía cargo de sí misma, debido a que ni sus padres, ni su familia, ni el Estado, lo hicieron. Pero los mecanismos de control actuaron invisibilizándola, llegando demasiado tarde.

A Ámbar le fallamos todes. Le falló la justicia, el Estado, las leyes. Le falló un sistema patriarcal que dejó libre a un femicida, pero le fallaron también las instituciones y cultura adultocéntrica que no fueron capaces de verla, de prever, de proteger, como le han fallado también a Lissette y a tantas otras.

Hoy somos una menos y entre cacerolas y velatones, una vez más, se exige justicia. Pero también se la exigimos a un Estado que debe cumplir con el mandato de la Convención que firmó hace 30 años y debe hacerse cargo de velar por los derechos de niños, niñas y jóvenes. Porque ser mujer es peligroso, porque ser niña aún más. Porque no hay feminismo si hay adultocentrismo y por eso hay que hablar de Ámbar, y exigir justicia por ella y por todas

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