Covid 19: Los olvidados del Hospital San José

Covid 19: Los olvidados del Hospital San José

Hace dos semanas La Federación de Asociaciones de Salud Pública alertó que la situación en el complejo hospitalario de Independencia- que atiende a ocho comunas del sector norte de Santiago- era catastrófica. A la denuncia de camas y ventiladores invasivos, su suman esperas de hasta doce horas por atención, filas de ambulancias, atraso en los avisos de fallecidos y entrega de información falsa desde la OIRS. A tres familias les dijeron que sus padres o abuelos se encontraban “estables” y luego se enteraron que habían muerto varios días antes. Estas son sus historias.

En un video grabado el día 17 de junio del año pasado, Héctor Lagos (84), se ve feliz en su cumpleaños. Está rodeado de  nietos y bisnietos. Sonríe frente una torta de chocolate, su hijo Juan Carlos resguarda que no se vaya a quemar el pelo con una vela de chipas. Todos cantan.

-¡Yo poh “Chito”, apaga bien las velas!-, le dice uno de sus hijos. A Héctor se le escapa una carcajada. Al lado derecho esta Alicia, su esposa y compañera por más de seis décadas.

Estas imágenes hoy entregan algo de consuelo a sus familiares.

En palabras de su nieta Danae Sepúlveda, Héctor era un hombre alegre y conocido en la Villa seis de enero de Recoleta. Trabajó toda la vida en la Tienda Comercial Délano, donde obtuvo varios premios por ser uno de los vendedores estrella. Famoso era también en su barrio como parte del Club Social y Deportivo Unión Rawson. Hasta sus últimos años se disfrazaba de viejo pascuero en las navidades para alegrar a los niños del barrio. Algo que hacía con amor, siempre alegre. Después de  jubilarse se dedicó de lleno a la familia que se fue agrandando. Una foto lo retrata feliz en la Plaza Cívica de Huechuraba en medio del bautizo del menor de los bisnietos.

La familia Lagos es unida, por eso cuando llegó la pandemia, sus hijos Juan Carlos y Susana quedaron encargados de él. Héctor tenía diabetes e hipertensión, entonces había que extremar los cuidados.

Foto: Héctor Lagos

En marzo hubo un brote de Covid-19 en el pasaje Isla de Pascua, Héctor se contagió la primera semana de mayo. No saben cómo, pero se empezó a quejar por el dolor de cuerpo, luego se contagió Alicia. Llamaron al hospital y no obtuvieron respuesta. El viernes 8 fueron a tomar el examen PCR por posible Covid-19 al Cesfam Patricio Hevia y una semana después, el día 15, tuvieron que llevarlo al Hospital San José cuando ya presentaba dificultad para respirar y falta de apetito, donde quedó internado.

El lunes 18 la jefa de la Oficina de Informaciones, Reclamos y Sugerencias (OIRS), Karime Atala, le informó a Danae que su abuelo estaba en el box 8 de Urgencias esperando para ser trasladado a una sala. De ahí en adelante todo se volvió confuso.

-Yo llamé el martes 19 de mayo al Hospital y me dicen que ya no aparece en el sistema, le escribí a Karime Atala y me explicó por Whastapp que lo estaban pasando a la habitación y que los médicos del piso se comunicarían conmigo al día siguiente, que lo dejarían en el sexto piso, en la habitación 628, cama dos-, recuerda.

Danae documentó la repuesta y guardó un pantallazo de los mensajes de WhatsApp a las 14:37 horas.

El miércoles 20 se volvió a comunicar con Atala, quien le dijo que su abuelo seguía estable, respondiendo al tratamiento.

El día 21 de mayo, como era feriado, la jefa de la OIRS les aclaró que no se encontraba en el hospital, pero que al día siguiente se comunicaría con la familia.

En la familia comenzaron a angustiarse. Su abuelo aún no aparecía “en el sistema” del hospital, como si nunca hubiera ingresado. El viernes 22 siguieron llamando. Atala les envió un último mensaje diciendo que el hospital se comunicaría con la familia.

-Todo ese día viernes nunca más tuvimos respuesta. El sábado 23 a las cinco y media de la tarde llamaron para avisar que mi abuelo estaba muerto. Le avisaron a mi tía Miriam, al ver el certificado aparecía que mi abuelo había fallecido el 19 de mayo a las 16:25, me habían mentido en la información que me habían entregado, quedé en shock-, recuerda.

El certificado indicaba como causa inmediata de muerte una Insuficiencia respiratoria y neumonía atípica como causa originaria. No mencionaba Covid y el test de PCR había dado positivo. Danae no lo podía creer.

Como el plazo máximo para retirar un cuerpo es de 72 horas, tuvieron que esperar un día más. Ya habían pasado cinco días. Con el registro civil cerrado, solo el 26 de mayo logran sacarlo del hospital para cremar su cuerpo en el Cementerio General. El viernes 29, tres semanas después que presentó los primeros síntomas y dos semanas después de su hospitalización, al fin pudieron sepultarlo.

Danae solo piensa que Héctor murió solo. No saben en qué condiciones o si recibió la atención que les informaron desde la OIRS.

-Él no merecía morir así, en el abandono, siempre pensamos despedirlo cómo se merece, acompañado de sus nietos, su esposa y su club..-, confiesa.

Certificado de PCR y Certificado de defunción.

***

El colapso del Hospital San José comenzó a ser evidente la segunda semana de mayo con filas de ambulancias estacionadas afuera de la urgencia y decenas de pacientes aguardaban para ser atendidos. Algunos denunciaban esperas de más de diez horas para acceder a la toma de un examen PCR por posible contagio de Coronavirus.

Conocido también como “el nuevo San José” por la remodelación realizada a mediados de los años noventa, es el hospital base para atención de alta complejidad en toda la zona norte de Santiago. Ubicado en Independencia, pertenece al Servicio de Salud Metropolitano Norte y atiende a los habitantes de Colina, Huechuraba, Conchalí, Independencia, Recoleta, Lampa, Quilicura y Til Til (más de cuatrocientos mil habitantes).

Héctor Pavez (90), como la mayoría de los adultos mayores en estas comunas, vivió gran parte de su vida en un mismo sector conocido como La Obra, en Recoleta.

Salía todas las mañanas a barrer el frontis de su casa para ver a las personas circular por el barrio. Una actividad rutinaria y modesta, pero a él lo llenaba de vida. Era alegre, sociable y –según las personas que lo conocían- se veía bastante más joven de la edad que tenía. Había enviudado en el 2017, su esposa murió por un cáncer de mamas.

Antes trabajó como carnicero, a la antigua, preocupado de sus clientes. Le encantaba predecir los marcadores finales de partidos clásicos, y también contar las travesías que vivió como ciclista en viajes hasta Viña del Mar y Rengo.

-Le gustaba ir a cobrar su pensión personalmente, se iba en micro y volvía en taxi. Había que retenerlo en la casa, salía mucho-, relata su yerno, Eduardo Fuentes.

El pasado 7 de mayo, celebró su cumpleaños con toda la familia a través de una video llamada. Su hija, Sonia Pavez, recuerda que estaba tranquilo, incluso más de lo habitual. A pesar del encierro su ánimo no decayó.

Foto: Héctor Pavez

Al día siguiente comenzó a sentir dolor corporal, síntoma que se fue agudizando con el paso de los días. Durante la mañana del domingo 10 de mayo, su familia decidió llevarlo al servicio de urgencia de Zapadores (S.A.R), en donde recibió oxígeno mientras esperaba una ambulancia para ser trasladado al Hospital San José. La espera fue de cinco horas y después al arribar al complejo hospitalario, la demora por una atención se habría extendido cinco horas más.

-Quedó hospitalizado, y ahí perdimos contacto con él, Héctor, uno de mis hermanos, fue a llevarle artículos de aseo y cuando los entregó, no le dieron ninguna información clara. Una persona que estaba en el lugar habló del “señor simpático”. Ahí supimos que estaba bien y de buen ánimo-, comenta Sonia.

El martes 13 de mayo llamaron a la central del hospital San José para obtener alguna información o reporte del estado de salud, como Sonia y Eduardo también son adultos mayores, no pudieron acercarse al recinto asistencial. Cada vez que llamaban, los dirigían a un anexo que no contestaba. Lo intentaron una y otra vez, pero no hubo respuesta. Sonia decidió enviar un correo a la Oficina de Informaciones, Reclamos y Sugerencias (OIRS) del Hospital San José, para saber qué pasaba con su padre.

Cinco días después de internarlo recién obtuvieron la primera  respuesta por correo electrónico. Les dijeron que habían tenido “una complicación” con los datos y por ende no tenían la información solicitada. Les recomendaron ir al hospital para recibir el reporte del médico tratante.

Parte de la familia presentaba algunos síntomas de Covid 19, como dolor de cabeza y dificultad para respirar. En su desesperación, Sonia comenzó a preguntar por las redes sociales para obtener más información. Una joven- quien aseguró que conocía a una enfermera del hospital San José- los contactó y les dijo que Héctor estaba conectado a oxígeno y que se encontraba relativamente bien.

Pasaron más días y un amigo de ambos, que conocía a un doctor del Hospital, les aseguró que Héctor seguía estable y con tratamiento de oxígeno, pero con un flujo más bajo. Al escuchar esta noticia, Sonia se tranquilizó, su padre no tenía ninguna enfermedad crónica y pensó que si todo salía bien, podría estar pronto de regreso a su casa.

Sin embargo, el martes del martes 26 de mayo a las 9:30 de la mañana, once días después de su hospitalización durante los cuales no les entregaron ninguna información,  Sonia recibió una llamada.

“Nos habla este conocido, la persona que nos había dado este dato, y dice que lamentablemente mi padre había fallecido. Fue horrible, llamé al hospital para tener más información y solo en ese momento me confirmaron todo”, recuerda.

Sonia y su esposo fueron a la morgue del Hospital San José en busca del certificado de defunción donde esperaron dos horas más, debido al colapso en la Unidad de Anatomía Patológica del recinto.

Revisé el certificado y aparecía que mi padre falleció el domingo 24 de mayo a las 02:50 de la madrugada, es decir nos enteramos dos días después y gracias la buena voluntad de una persona. Es terrible, es inhumano lo que pasó-, explica Sonia.

Durante la tarde de ese mismo día, mientras terminaba los trámites funerarios, desde el Servicio Metropolitano Norte la llamaron para confirmar si su padre estaba en cuarentena o no. A esas alturas, el llamado le parecía una broma de mal gusto.

Hasta el cierre de este reportaje, la familia seguía esperando los resultados del examen PCR de Héctor. Desde el Hospital-un trabajador que prefiere mantener en reserva- confirma que parte de los fallecidos están en espera del resultado del examen COVID, por ende no están contabilizados como positivos.

– El día 27 de mayo lo enterramos en el Cementerio Parque Los Olivos, lo despedimos en poco más de cinco minutos-, explica Sonia.

***

Carmen Luz Scaff, Presidenta Nacional de la Federación de Asociaciones de Salud Pública (FEDESAP) reconoce que la situación en el hospital San José es catastrófica. En principio estaba preparado para recibir a cuatrocientas personas y hoy está desbordado. Es el único hospital para atender a ocho comunas del sector norte de Santiago.

– La gente está indignada por el trato, a veces llevan 12 horas esperando en la ambulancia, un trato indigno hacia la población, y al final son los pobres los que la pasan mal. Se han demorado días en indicar que la persona está fallecida, hacen que las familias llamen, incluso les han dicho que está estable o está grave, cuando la persona había fallecido dos días antes. Eso está sucediendo-, confirma.

Entre las principales acusaciones contra el hospital están la falta de camas y las largas horas de espera para una atención médica. Muchos pacientes son enviados de regreso a sus casas y otros son atendidos en el patio del Hospital, sentados en sillas.

El doctor Manuel Lorca, funcionario y miembro de la directiva capitular del hospital, en conjunto con FEDESAP, incluso reveló el caso del fallecimiento de un paciente de 36 años por falta de ventiladores mecánicos. Una semana después que la noticia apareció en la prensa, el Servicio de Salud Metropolitano Norte lo denunció ante en la Fiscalía Norte por “declaraciones falsas, maliciosas y generar alarma pública”. Luis Escobar -director del establecimiento-salió a desmentir esta acusación.

-Ahora nos vemos enfrentados a esta pandemia donde efectivamente hay profesionales y personal de salud disponible, muy comprometidos con lo que están haciendo para la población, pero les faltan insumos, les faltan ventiladores (…) Hay unos ventiladores que son para coronavirus, que son de alta complejidad, que son los más invasivos, y son esos los que no estaban disponibles cuando falleció este hombre de 36 años, un obrero de la construcción, lo trataron de reanimar durante 40 minutos, hizo dos paros cardiacos pero no pudieron sacarlo del estado en el que estaba-, explica Scaff.

Tras la denuncia habrían amenazado de sumariar a la paramédica Gloria Pinto y al doctor Mauricio Navarro.

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El colapso del Hospital San José se está transformando en una bomba de tiempo para los sectores más vulnerables en poblaciones históricas de Santiago ubicadas en Conchalí, Independencia, Recoleta, Quilicura y Huechuraba. Entre ellas La Pincoya.

Viviana Vásquez recuerda que el primer síntoma que observó en su papá es que comenzó a dormir más de lo usual. Enrique “El Peco” (78) se había separado hace casi dos décadas y vivía con ella y su familia. Verlo tan desanimado era algo raro, era una persona bastante activa y el alma de las fiestas familiares. Viviana extremó los cuidados con él, incluso cerró su peluquería antes de la cuarentena para evitar cualquier posible contagio.

“El Peco” visitaba a su amigos con frecuencia, disfrutaba de la compañía de sus dos nietos y de ese regalo que era la vejez acompañada. El sábado 16 de mayo sintió que le costaba respirar y lo llevaron en auto hasta el SAPU La Pincoya ubicado cerca de su casa en La Pincoya 1.  Ahí le hicieron un examen de PCR, pero como la saturación era baja, desde el centro decidieron mandarlo al Hospital San José. Viviana tomó el celular e hicieron un video llamada a todos los familiares. Sus nietos trataron de subirle el ánimo con algunas bromas, “El Peco” asintió con una sonrisa y los dedos pulgares levantados.

La ambulancia lo trasladó y Viviana los siguió en el auto.

-Papá tranquilo, yo voy detrás suyo-, le advirtió antes de que subieran la camilla.

A esa hora el frío era insoportable, así que Viviana optó por devolverse a buscar una frazada.

-Vaya no más señora, porque acá vamos a estar horas-, le dijo un paramédico.

De vuelta, Viviana esperó dos horas más. Ya era tarde así que subió a la ambulancia que seguía estacionada afuera del hospital, lo  arropó y él la quedó mirando. Se notaba preocupado, varias veces había bromeado que si le daba Coronavirus no lo llevaran al Hospital porque de ahí “no saldría más”.  Esperó unos minutos y decidió ir a su casa a dormir para volver temprano en la mañana con los artículos de aseo. Al otro día fue de nuevo al hospital, una auxiliar le dijo que su papá estaba bien y que le mandaba a decir que la quería mucho. Ella respiró tranquila. Ya lo estaban atendiendo.

El lunes 18 pidieron información, no pudieron hablar con nadie, el martes tampoco. Una de las hermanas de Viviana fue hasta el hospital y le dijeron que Enrique no estaba en la lista de pacientes críticos.  

Pasaron varios días sin que recibieran ninguna noticia de su padre hasta que un doctor la llamó y le dijo que se encontraba con oxígeno, pero estable.

Foto: Enrique Vásquez

Se turnaron con sus hermanas para ir a dejar las cosas. Vuelven a perderle la pista el fin de semana. Viviana logró hablar con una auxiliar el día sábado 23 quien le dijo que su papá se veía bien, consciente y “con los ojos bien abiertos”. Después siguieron varios días más sin información y hasta que el miércoles 27 les entregaron el resultado del PCR: Había dado negativo. 

-Quise ir a ver a mi papá ahora que ya sabía el resultado y en informaciones me dicen que no aparece en la lista de pacientes críticos, luego me informan que un doctor va a hablar conmigo porque me habían estado llamando, yo les respondí que imposible, que no tenía ninguna llamada perdida y me insistieron que ya tendría información de parte del doctor-, recuerda.

Después de cuatro horas de espera, un médico la llevó hasta una sala y le informó que su padre falleció el día sábado 23. Ya habían pasado cuatro días. Viviana quedó congelada, apenas marcó el celular para avisarles a sus hermanas.

Cuando fueron a buscarlo en la funeraria, el cuerpo venía “embolsado”, sistema ocupado por los hospitales para sellar a los fallecidos por Coronavirus. Viviana solo pensaba en que no se había podido despedir de su papá.

-Lo velamos esa noche en la casa, sin poder verlo o vestirlo, al otro día fuimos los hermanos y algunos nietos a despedirlo al cementerio Santa Clara. Lo que está pasando es horrible, no saber si mi papá necesitaba algo, si se sentía solo. ¿Por qué no me avisaron?-, se pregunta.          

*Este medio se comunicó con el Hospital San José, pero hasta el cierre de este reportaje no obtuvimos respuesta.

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