Clandestino en Cachagua: constelación de cuicos, indolencia y poder

Los cuestionados jóvenes en Cachagua representan la metáfora de Chile en los últimos 40 años. Ello explica la obscena imbricación entre el poder político y económico instalada en la élite chilena. No es casualidad que los apellidos anunciados en los polémicos audios, resuenen directamente con los nombres de quienes están en cargos legislativos y ministeriales.


Existen distintas emociones para describir los audios difundidos a través de redes sociales sobre los contagios provocados en Cachagua. La risa es una de ellas, gatillada por la superficialidad con la que estos jóvenes de alto estrato socioeconómico viven y abordan la problemática sanitaria, rayando en lo verdaderamente ridículo.

Sin embargo, luego de la inevitable risa, comienza inmediatamente la rabia, cuando te das cuenta que estos individuos ponen en riesgo la vida de las demás personas sin medir ninguna consecuencia. Esta rabia se incrementa cuando el propio Ministerio de Salud señala dentro de sus estadísticas que las comunas más pobres de Chile, son donde hay mayor cantidad de fallecidos por COVID. Dicho de otro modo, el virus ataca por igual, pero el sistema de salud no reacciona de forma equitativa frente a las personas con más o menos recursos. La lamentable realidad es que se mueren más pobres que ricos por COVID.

En este sentido, los cuicos no son inofensivos. No viven simplemente en su propia sociedad capitalista construida en base a anti-valores y materialismo. El problema es que los cuicos no solo tienen dinero, si no que además ostentan el poder. Muy en claro lo dejó Martín Larraín con su absolución en el caso del atropello con resultado de muerte de Hernán del Carmen Canales.

Los cuestionados jóvenes en Cachagua representan la metáfora de Chile en los últimos 40 años. Ello explica la obscena imbricación entre el poder político y económico instalada en la élite chilena. No es casualidad que los apellidos anunciados en los polémicos audios, resuenen directamente con los nombres de quienes están en cargos legislativos y ministeriales. No es causalidad porque son sus propios hijos/as, hecho ya reconocido por la diputada Ossandón, con dos de sus nueve descendientes, quienes no solo participaron de estas fiestas, sino que además se encuentran contagiados.

La correlación de fuerzas entre el poder político y económico ha sido la piedra de tope para generar cualquier tipo de cambio estructural que permita una mejor distribución de la riqueza en Chile. Es también reflejo de los conflictos de intereses existentes entre legisladores y el empresariado, como es el caso de la corrupta ley de pesca, o los problemas generados con los derechos de agua; es también reflejo de la indiferencia ante el daño socio-ambiental provocado en las zonas de sacrificio y sin duda guarda directa relación con la negación del conflicto del Estado chileno en contra del Pueblo Mapuche. Por tanto, que los hijos/as de la mal llamada élite se pasen por encima todas las normas sanitarias, se traduce en el sistemático abuso y la grosera desigualdad que desborda todos los ámbitos de la sociedad chilena.

El corolario de esta historia corresponde a una niña de 7 años llamada Guacolda Catrillanca. Al mismo tiempo que gran parte de los medios de comunicación se centraban en la indolencia de los cuicos, la hija de Camilo Catrillanca era arrojada al piso por agentes policiales en un operativo jamás antes visto en ninguna otra zona del país. Esta vulneración de derechos fundamentales, ocurre cuando Guacolda se dirigía junto a su madre a escuchar el veredicto de la justicia chilena en el caso del asesinato de su padre.

Este es Chile 2021: Un país que duele, a ratos da risa y constantemente provoca una profunda rabia.

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