Chile con Mordaza

Chile con Mordaza

Hoy nos encontramos frente a un restaurado Estado Orweliano, que atenta fuertemente contra la libertad de prensa y la libertad de expresión, impidiendo el trabajo de periodistas que venden sus reportajes a sitios digitales en un mercado que ya se ha tercerizado mucho desde octubre 18. Lo paradójico es que en nuestra actual Constitución Política se establece (al menos, en teoría) en amplios términos la libertad de información y opinión, y —en un país en donde los medios se concentran en manos de la élite política y económica— el restringir la labor periodística constituye un atentado a las libertades individuales, ya restringidas a raíz de la pandemia que nos afecta desde marzo.

Transcurría la segunda mitad de los años 90, y oíamos de la melodiosa y sensual voz de una española (Marta Sánchez) la letra de una canción cuya actualidad no sorprende: «Me pregunto mil veces quién gobierna mi vida, quién dirige mi mente junto a la de los demás. Qué poderes en la sombra juegan con mi voluntad, una máquina los nombra para podernos controlar». Y es, precisamente, el control sobre nuestro propio derecho fundamental a la información el que se ha coartado desde la semana pasada sin escucharse una sola réplica de la oposición: la prohibición, por parte del Gobierno, de las labores de la prensa independiente y que más fidelidad ha alcanzado en la actual sociedad chilena. Así, sin preámbulos, los permisos colectivos para trabajar expedidos por el Ministerio del Interior (a través de Carabineros) exigían condiciones de formalidad —en pleno Estado de emergencia constitucional— que contravienen las recomendaciones y directivas de los organismos internacionales de defensa de DD.HH. De manera tal, que quedaban inhabilitados de trabajar todos los medios alternativos a aquellos ligados al duopolio, reconocidos por ser un excelente aporte de denuncia y ejercer el control fundamental de nuestra precarizada democracia.

Nadie en su sano juicio puede cuestionar la labor investigativa que han realizado Ciper o Fortín Mapocho —entre los medios más grandes y con trayectoria— en temas de relevancia noticiosa, por ejemplo; pero también hay otros pequeños que logran gran replicabilidad, sobre todo durante el confinamiento de la pandemia. Y, justamente son estos últimos los que resultan perjudicados por la nueva medida gubernamental, ya que sólo la prensa de los medios de comunicación oficial, podrán tener permiso para el libre tránsito.

Hoy nos encontramos frente a un restaurado Estado Orweliano, que atenta fuertemente contra la libertad de prensa y la libertad de expresión, impidiendo el trabajo de periodistas que venden sus reportajes a sitios digitales en un mercado que ya se ha tercerizado mucho desde octubre 18. Lo paradójico es que en nuestra actual Constitución Política se establece (al menos, en teoría) en amplios términos la libertad de información y opinión, y —en un país en donde los medios se concentran en manos de la élite política y económica— el restringir la labor periodística constituye un atentado a las libertades individuales, ya restringidas a raíz de la pandemia que nos afecta desde marzo. Sin duda, si bien las manifestaciones del estallido ocuparon parte importante de la agenda noticiosa, la cobertura independiente ha sido fundamental para denunciar los atropellos y violaciones a los derechos humanos de estos ocho meses de revuelta.

Son tiempos en que la sobreexpuesta verdad política se sigue escondiendo en la ficción. Y así lo hace el gobierno de Piñera.  Nos vemos —día a día— obligados a seguir analizando nuestra evocación de la lírica de la española, dado que nunca nos ha quedado claro quién es ese enemigo implacable del cual nos hablaba el Ejecutivo durante sus discursos. Somos unas marionetas, otros mueven los hilos. No se quitan la careta, no sabemos cómo son. Utilizan las palabras sólo para confundir. Ahora, al controlar la labor periodística que más ha ahondado en la violencia de la represión y las desigualdades de la gestión del Covid 19, serán quienes aún ostentan el poder quienes establecerán lo que se debe considerar verdadero o no.

Propaganda pura será la información que pase los filtros de la línea editorial de La Moneda, algo que los amantes de las películas de acción —que superen los 30 años— recordarán la trama de la película «The Runnig Man o Carrera contra la Muerte». En ésta, el gobierno apacigua a la población retransmitiendo una serie de concursos de televisión en los cuales criminales convictos luchan por sus vidas. La historia de desarrolla en el año 2017, donde se muestra a una población que vive bajo un Estado policial. Ben Richards —interpretado por Arnold Schwarzenegger— es encarcelado por una masacre que, en realidad, estaba intentando evitar y, aunque consigue escapar de un campo de concentración junto con otros reclusos, igualmente es atrapado, debiendo participar por obligación en la competencia.

En dicho filme, con toda su impronta liberal norteamericana, se puede ver cómo quienes tienen el control de los medios manipulan a los espectadores, dado que ellos establecen qué es real y qué no. Reteniendo el poder político, de ese modo, y trastocando su naturaleza dinámica propio de las democracias y los derechos humanos, la prensa es herramienta para adoctrinar bajo la idea del imperio o del autoritario. En efecto, a lo largo de la historia se pude apreciar que pasó de Mesopotamia a Egipto, de ahí a Roma y Grecia. Durante el siglo pasado lo vimos administrado por EE.UU. y la ex URSS. Y hoy podemos ver que se incluye un nuevo actor, China.

Entendiendo esta lógica, y dejando claro que la ficción no se aleja de la realidad, es que podemos ver cómo se ha trabajado a nivel del poder político —ya sea oficialismo u oposición— el conservar el poder; o, en su defecto, si es que es inevitable perderlo, obtener la mayor ganancia. Pese a la sobreabundancia de información, la verdad no es todavía un bien de todos.

El reciente cambio ministerial, acusa el actuar del Piñerismo y su vocación autoritaria: retardar al máximo el reemplazo de la figura clave, el protector del Presidente para no debilitar su manejo de la verdad de la información. De forma tal que, no obstante las críticas a su desempeño desde el mismo oficialismo, la llegada de Enrique Paris, será más de lo mismo. Éste no dudará en extender el tiempo de la cuarentena, lo cual en marzo le parecía una medida populista mostrándose bastante contrario a la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches.

 Y, seguiremos haciendo la precaria cuarentena a la chilena. Ahora que la gente ya ha cobrado sus seguros de cesantía y el dinero escasea. Hoy cuando ya se aseguró—en parte— a los grupos económicos que nos quedaremos en casa. Y, al igual que en las películas de ficción para masas, veremos a una sociedad que goza de la luz y tranquilidad del hogar versus otra que se ocultará: aquella que protestó por hambre, pero su reclamo se tergiversó en la burla por tener sobrepeso.

La diferencia con el modelo original de Hollywood y su control de la verdad de la información, que es nuestro derecho humano, es que la gran factoría de películas los guiones contemplan la figura heroica de un ex policía o militar que logra desbaratar los planes abyectos del gobierno contra la ciudadanía; mientras que acá sólo contábamos con medios que nos mantenían informados, pero no lograban la injerencia de los grandes titulares.

Chile, por eso, no puede normalizar esta mordaza.

Sobre el Autor

Víctor Peredo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *