Cero tolerancia con la intolerancia: El bus del Trans Odio no recorrerá nuestras calles

No podemos tolerar que una élite minoritaria y conservadora imponga el odio y el miedo como formas de relacionarnos. Si permitimos la circulación del Bus del Trans Odio, en medio de una ola de violencia sobre la población LGBTIQ+, seremos cómplices como sociedad de la violencia y la muerte, que es la costumbre para nuestra comunidad.


Las disidencias sexuales y de género hemos sido excluides históricamente del espacio y debate público; nos han obligado a vivir en las sombras y cuando nos atrevemos a salir a la luz, hemos sido castigadas con violencia y discriminación. Generaciones de valientes activistas LGBTIQ+ han abierto un camino que nos permite hoy sacar la voz para exigir dignidad. Llevamos décadas de organización y movilización exigiendo poner fin a los abusos y violencias. Todas las semanas nos enteramos de nuevas golpizas, violaciones y asesinatos a miembros de la comunidad LGBTIQ+ que quedan en el olvido sin justicia. Y es que aunque Chile despertó, nuestras vidas siguen en peligro día a día.

Atravesamos un momento trascendental para nuestra democracia, un proceso de transformación civilizatoria para nuestro país que debe incluir a las disidencias sexuales para no perpetuar un pacto social y sexual que excluye a quienes están por fuera de la norma binaria y heterosexual. En este proceso tenemos un compromiso con el debate de ideas y estamos disponibles para un diálogo honesto con aquellos que piensan distinto y pretenden defender el modelo actual, pero esto exige el respeto a la dignidad y a los derechos humanos de todos, todas y todes.

Es inaceptable que discursos de odio, que atentan contra ese consenso mínimo universal se escuden en una supuesta libertad de expresión para atacar el corazón mismo del derecho internacional de los derechos humanos, que es el reconocimiento de que todas las personas nacemos libres e iguales en dignidad y derechos.

No podemos tolerar que una élite minoritaria y conservadora imponga el odio y el miedo como formas de relacionarnos. Si permitimos la circulación del Bus del Trans Odio, en medio de una ola de violencia sobre la población LGBTIQ+, seremos cómplices como sociedad de la violencia y la muerte, que es la costumbre para nuestra comunidad.

Quienes estamos por la construcción de un Chile de derechos, tenemos la obligación de rechazar la presencia del Bus del Trans Odio, así como de cualquier acción que promueva la discriminación y la violencia. No podemos tolerar la intolerancia, pues ello deteriora la convivencia democrática.

Esto es condición para construir un país más justo e igualitario, en el que no haya espacio para la violencia y la exclusión. Hacemos un llamado a que las autoridades e instituciones se posicionen frente a este atropello a nuestros derechos, y a las organizaciones y a todes quienes se han movilizado los últimos años a ocupar las calles para rechazar la presencia de este bus de la violencia, porque mientras estas cosas sigan pasando, seguiremos siendo expulsades, negades por nuestras familias, condenades a habitar las calles, sin seguridad social ni educación; mientras sigamos tolerando estas acciones seguirán muriendo niñes y jovenes LGBTIQ+ producto del hostigamiento y la persecución.

Este bus no propone un debate de ideas, por el contrario, busca negar nuestra identidad y existencia, promoviendo una estructura de discriminación que está a la base de la exclusión y la violencia que enfrentamos hoy quienes nos alejamos de los estereotipos tradicionales de género.

Ante esta afrenta contestamos con propuestas, como la educación sexual integral, que es una herramienta concreta para informar y prevenir situaciones tan dramáticas como las aquí descritas. La contundente victoria del 25 de octubre abrió un proceso en que nos jugamos el Chile que está por venir.

Tenemos deudas urgentes de abordar, como son la prevención, sanción y erradicación de la violencia por razones de género u orientación sexual y la adecuada reparación para sus víctimas; la dramática expectativa de vida de las mujeres trans que no pasa de los 35-40 años en Latinoamérica; los altos índices de suicidio de jóvenes de la disidencia sexual; las enormes dificultades de acceso al trabajo y a los derechos económicos, sociales y culturales en general para las personas LGBTIQ+.

Hemos empujado propuestas para hacernos cargo de estas urgencias, pero hasta ahora el gobierno y los sectores políticos conservadores anclados en la derecha y parte de la ex Concertación, no han mostrado voluntad política para avanzar en lo que la sociedad demanda.

Expresiones como este bus son un retroceso inaceptable y una distracción, pues debemos poner en el centro del debate público la defensa urgente de la vida y dignidad de nuestras compañeras, compañeros y compañeres frente a la pandemia, la crisis social y económica y la barbarie del odio.

El nuevo Chile será un país que asegure nuestros derechos sexuales y reproductivos, donde les niñes y adolescentes tengan acceso a educación sexual integral y no deban abandonar sus estudios por discriminación o falta de apoyo de sus familias.

El nuevo Chile reconocerá nuestra identidad y expresión de género y nuestra capacidad de amar a otres como parte constitutiva de nosotres mismes. En el nuevo Chile tendremos derecho a ser nosotres mismes en igualdad de derechos. Estamos llamades a construir ese nuevo Chile, para que a ningún niñe le falte un pedazo de cielo para volar.

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  1. En verdad, me sulfura esta redacción. El feminismo a ultranza deforma el idioma y le resta lógica a las palabras, especialmente en un idioma como el español, rico en definiciones y matices, entendidos por todos los hispano hablantes. Ahora, inventaron el “todes”, “nosotres” y por el estilo, con la intención de ahorrar palabras e incluir a personas de distinta orientación sexual y no consideran que, si a un hombre le gusta otro hombre, NO deja de ser hombre y si a una mujer le gusta otra mujer, tampoco deja de ser mujer. ¿O acaso perdieron sus características biológicas de género? En MI parecer, al referirse a los disidentes sexuales en esa forma grotesca, están haciendo exactamente lo contrario de lo que pretenden, es decir, menospreciándolos, ridiculizándolos y, peor aún, DESCONOCIENDO SU EXISTENCIA, puesto que los “elles”, “nosotres”, “todes” NO existen en nuestro idioma y, si no existen, tampoco existen los sujetos a que intentan referirse. Y lo grotesco se transforma en peor cuando son los mismos afectados quienes se refieren e incluyen a sí mismos en tales términos. Alguien podrá decir que el idioma evoluciona y se transforma, pero sólo como deformación de palabras y nunca a partir de la creación de términos ofensivos o despreciables hacia cualquier sujeto.
    Al respecto, aprovecho de recalcar: el título es Presidente de la República, de modo que Michelle Bachelet fue Presidente y no, PresidentA, igual que Alejandra Valle es periodista y Mauricio Jurgensen es periodista. ¿O es periodistO…?

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