Cayó por su propio peso: los cien días de confusión y mentiras que vieron partir a Jaime Mañalich

Cayó por su propio peso: los cien días de confusión y mentiras que vieron partir a Jaime Mañalich

Cada paso de Mañalich abandonando La Moneda es un recordatorio de por qué estamos como estamos. Y el tercer paso es derechamente la mentira. Su rostro heroico saliendo del Minsal revive las palabras trepidantes, las llamadas que decía recibir hasta el cansancio de felicitaciones, porque éramos uno de los mejores países del mundo dando guerra al coronavirus, mientras en El Pino y el San José el colapso adelantaba pacientes en carpas inundadas, ambulancias haciendo fila con enfermos devueltos a la casa.

Ver a Mañalich salir del Ministerio de Salud es recordar y revivir todos sus errores que acumularon el peso hasta hacerlo insostenible en el poder. Y no es ninguna gracia del Presidente su renuncia, porque es su responsabilidad exclusiva haber permitido que el peso de los errores siguiera creciendo, hasta encontrarnos hoy en una situación desastrosa.

Cada paso que Mañalich da hacia la puerta de salida es un recordatorio mortuorio a los hogares que lo han pasado tan mal, a las familias que no pueden más de miedo. Su primer paso recuerda la soberbia, cada burla que lanzó al Colegio Médico, a los alcaldes, a los profesores que exigían la suspensión de clases, recibiendo preguntas retóricas que trataban como tontos a los precavidos. El segundo paso es una reincidencia, son las palabras suspender las clases «fue un grave error” retumbando en las casas que han llorado a un ser querido a la distancia, mientras el señor Mañalich con la vista alta ahora menospreciaba a periodistas aclarando que ya respondió lo que le preguntaron. El tercer paso es la mentira. “Es algo que nadie está haciendo en el mundo”, dijo cuando el sentido común pedía cuarentena total en el país, o por lo menos en la Región Metropolitana.

Hasta de insensatos totales, nos trató, de populistas, de intereses electorales. Esperamos meses dividiendo comunas absurdamente. Meses de barrios fracturados haciendo confinamientos que se volvieron inútiles, mientras las poblaciones más pobres, las más hacinadas, comenzaban a convivir con la muerte. Son los mismos barrios que el Mañalich siempre seguro, ahora dijo desconocer. Pobreza que nunca vio venir en sus cálculos derrumbados, los que hizo, despectivo, sin escuchar a nadie, con actitud de eterno patrón que ahora busca culpables más allá de sus horizontes.

Cada paso de Mañalich abandonando La Moneda es un recordatorio de por qué estamos como estamos. Y el tercer paso es derechamente la mentira. Su rostro heroico saliendo del Minsal revive las palabras trepidantes, las llamadas que decía recibir hasta el cansancio de felicitaciones, porque éramos uno de los mejores países del mundo dando guerra al coronavirus, mientras en El Pino y el San José el colapso adelantaba pacientes en carpas inundadas, ambulancias haciendo fila con enfermos devueltos a la casa. El caos en el país se desataba apenas días después de haber escuchado, del ministro con aires de rey, que ya estábamos en una nueva normalidad, concepto que volvió a usar hace pocas jornadas atrás, como metiendo el dedo en la herida de su pueblo. Palabras que incluso nos invitaron a tomarnos una cerveza con amigos, a servirnos una empanada, para luego culparnos, con afán punitivo, por no estar cumpliendo a cabalidad sus órdenes de quedarnos en casa.

Fueron cien días de confusión y desconcierto, de chistes en conferencias de prensa, que convirtieron su voz en una presencia sin autoridad, y su rostro en uno exasperante, lejano al respeto. Con su zigzagueo caprichoso Mañalich logró hacer de su afán todopoderoso una caricatura, construyó un personaje desacreditado por sus propias frases y decisiones que muchas veces se sintieron como una pachotada, nada más que una demostración de innecesario poder. 

El cuarto paso que da Mañalich abandonando La Moneda es la irresponsabilidad. Mirarlo dejando el poder es recordar el ninguneo que hicieron a Alejandra Matus y el resto de profesionales y centros de estudios que alertaban de las muertes que no se informaron. “Las informaciones falsas, que aterrorizan, que son copiadas una y otra vez con un cierto grado de ingenuidad por medios serios, producen mucho daño», dijo Mañalich cuando Matus dio a conocer el aumento de muertes por enfermedades respiratorias inscritas por el Registro Civil en marzo. Las mismas informaciones acusadas como fake news que luego el Minsal tuvo que considerar, sin pedir disculpas a nadie por su daño a la honra; iniciando un camino tortuoso de manipulación de datos que lo terminó por hacer caer.

Y en menos de una semana vimos cambiar la metodología de conteo de muertes una y otra vez. Primero, que se iban a considerar los criterios de la OMS para contar a los muertos. Luego, que esa incorporación de criterios no consideraría a las víctimas con síntomas que no tuvieran examen PCR. Y días después, ni siquiera se iban a considerar a los muertos a la espera de una confirmación de positivo. Mientras, también cambiaban el criterio de conteo de casos activos, sumando desde el primer día de síntomas y no desde la confirmación de positividad, dejando así -según expertos- a muchísimos casos activos fuera del registro, dando una falsa sensación de menor gravedad país. Una bomba de tiempo. Un ataque directo a la salud pública de Chile.

Un país hecho mar de suspicacias en el peor momento sanitario del siglo, bajo el mandato de un doctor que nos comparó con Corea del Sur, el doctor que terminó de caer el día en que Ciper dio a conocer que en realidad hay otra cifra de muertos, una cifra oscura, una que no nos dicen a los que quieren que escuchemos como súbditos de una gestión empresarial. Porque -con los casos sospechosos atribuibles a Covid- en verdad eran más de cinco mil muertos. Porque no éramos Corea, ni la fantasía viviendo en la obstinada imaginación de un hombre que nos anunció como el mejor sistema de salud del planeta. Hoy, con la salida de Mañalich, ha terminado una peligrosa forma de sometimiento que recordará esta democracia. Porque nunca estuvimos preparados como dijeron. Porque jamás existió contra el virus el armonioso control.

Porque jamás existió contra el virus – cuyo contagio por millón de habitantes en Chile superó, en el reporte de este viernes de Espacio Público, a Estados Unidos, Francia, España y Reino Unido-, el armonioso control. Y Mañalich es el principal responsable. Así nos deja

Sobre el Autor

Richard Sandoval

Periodista y escritor.

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