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Opinión

Carta abierta al candidato presidencial Ignacio Briones

briones

Con 50 años de ejercicio como profesor, Rubén Uribe conoce bien el sistema educacional chileno, sobre todo porque ha trabajado tanto en liceos públicos como colegios privados. Con esa potestad es que le escribió esta carta abierta al ex ministro de Hacienda y actual candidato presidencial Ignacio Briones (Evópoli), tras sus dichos en una entrevista. “No se puede ser tan liviano en afirmaciones sin un mínimo de sustento histórico y filosófico acerca de lo que es la educación”, manifiesta el profesor.


Escribo estas líneas para manifestar mi profunda preocupación y molestia por su liviandad para tratar un tema tan importante como la Educación y el papel de los profesores y profesoras en una entrevista de televisión, dando una especie de recetario de como “preparar una taza de té en bolsita” digo, por lo simple y ramplón de lo que ni siquiera se puede llamar propuesta. No es serio señor Briones, cuando el punto central de sus palabras es proponer traer docentes del extranjero, incluso lo mezcla con algo que usted y los que comparten sus ideas miran con distancia o al menos en el caso de su partido, en silencio, la inmigración, que deduzco para usted es selectiva porque habla de ”los países que admiramos”.

La poca seriedad disfrazada de falsa profundidad y manejo de datos y estadísticas han sido su sello, lo mismo ocurrió cuando se negaba hace pocas semanas a que los chilenos retiraran un 10% de sus fondos de pensiones para sobrevivir y ahora “el candidato Briones” dice pongamos “las lucas” para abrir un concurso internacional y traer profesores del extranjero para mejorar la Educación Pública. No es serio. Porque la debacle de la educación pública chilena comenzó en la dictadura, cuando desmanteló y cerró las Escuelas Normales, cuando las Universidades fueron intervenidas por “rectores” que eran militares designados y los docentes fueron perseguidos y los catedráticos extranjeros, que sí los hubo y de primer nivel, fueron expulsados. En ese momento la educación se transformó en mercancía y un día antes que el Dictador dejara el poder se promulgó una “Ley General de Educación” (Ley 18.926, publicada el 10 de marzo de 1990, ley por decir algo, ya que no era la expresión de la voluntad soberana).

Esta ley bajo el concepto de Estado subsidiario al que usted adhiere, le otorga a los padres el deber y el  derecho de educar a sus hijos, hasta ahí se podría suscribir, pero cuando establece que el Estado otorga a terceros, sostenedores, públicos y privados, el manejo y administración de los fondos destinados a educación, se abre una puerta que hasta ahora no se ha podido cerrar.

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Con la educación como mercancía ya instalada, se abren centenares de establecimientos educacionales privados que se disputan los alumnos que hay en el mercado, cualquier particular con requisitos mínimos puede abrir un establecimiento educacional, desde un jardín infantil hasta una universidad. La educación es un derecho ciudadano, no una mercancía y es deber del Estado proveerla.

No pretendo hacer una historia de la educación chilena en esta carta, pero me parece que usted debería tener en cuenta estos aspectos y ser parte de su mínimo repertorio electoral. Insisto en que no se puede ser tan liviano en afirmaciones sin un mínimo de sustento histórico y filosófico acerca de lo que es la educación.

Soy un profesor por vocación, llevo más de 50 años en esta tarea y aún estoy trabajando, me formé en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile; soy de la generación de 1965, trabajé en mis inicios en una escuela particular, pobre, de Estación Central, allí se reforzó mi vocación pedagógica, aprendí de otros y otras docentes con más experiencia, cometí errores y aprendí a disculparme, trabajé en colegios de distintos estratos socioeconómicos, también aquellos donde estudiaban los de más altos ingresos y en colegios particulares y municipales.

La educación es mi pasión y hoy volvería a escoger nuevamente como profesión, pese a los escasos incentivos que existen para seguir esta digna actividad; no podría decir que fui un gran profesor sino un buen pedagogo en el sentido griego del término “el que guía, conduce a los niños”, nunca me sentí imprescindible para mis alumnos o alumnas, siempre tuve como norte que pudieran caminar solos, la conducción debería permitirles crecer y respetar sus ideas y principios, jamás traté de influenciarlos con mi pensamiento, que lo tengo a mucho orgullo, jamás los califiqué según mis parámetros sino según sus capacidades.

Por eso le escribo, porque mi convicción y vocación son profundas, me apasiona lo que hago y me molestan sus palabras, más aún cuando vienen de alguien que pretende gobernar un país, la improvisación y la retórica vacía no cambiarán la educación. Debo dejar claro que no me opongo a que vengan educadores de otros países a ayudar, en eso soy un ciudadano del mundo, he viajado sin becas y sin ayuda, he conocido otros modelos, pero jamás he sido tan pretencioso como para desconocer la diversidad de las culturas. Incluso dentro de nuestro propio territorio tenemos una enorme diversidad cultural que nos debería obligar a considerar las particularidades de cada región y comunidad. Nada más destacable que exista la EIB (Educación Intercultural Bilingüe) que hoy se estudia ponerla como electiva, otro error.

Por todo esto, la educación debe ser uno de los temas más gravitantes en un programa de gobierno, señor Briones, no basta su enunciado de traer educadores del extranjero, por muchas explicaciones ex post.

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8 Comments

8 Comments

  1. cristian

    Abril 13, 2021 at 4:56 pm

    Exelente relato colega, respuesta que jamás estará en la oratoria de quien piensa ser presidente del país, que cree que trae la solución mágica

  2. Alvaro

    Abril 13, 2021 at 7:18 pm

    Adhiero completamente a lo que señala sr Uribe. Soy hijo de una profesora normalista y yo ejerzo como profesor hace ya 30 años.Siempre recuerdo una expresión que tuvo una profesora de la universidad en la década del 80 cuando crearon este nefasto sistema y convirtieron a la educación en una mercancía de mercado . Ella dijo que era lo peor que le podría pasar a este país. ¡Qué peso tienen estas palabras en el curso de los años que han pasado!
    Recordar también cómo en esa época se les ocurrió considerar de categoría universitaria a no más de 13 carreras; las demás, como la de profesor, podían dictarse en cualquier institutillo de pacotilla nacido del mercantilismo. ¡ Y se preguntan todavía por qué no hay profesores mejor preparados!. Siempre el hilo parece cortarse por lo más delgado y enrostran al profesor del día a día que se desloma en un sistema que lo ningunea permanentemente. Todavía no observo la cara roja por la vergüenza de los decanos de las facultades de educación de las universidades responsabilizándose por formar de manera tan “precaria” a estos profesionales.

  3. Francisco carcamo

    Abril 13, 2021 at 7:59 pm

    Muy bien dicho profe,aqui el que no sabe que es ser un profesor debiera cerrar la geta.

  4. Lorena Concha

    Abril 13, 2021 at 9:10 pm

    Que honor leer las palabras de este colega.

  5. Nelda Vera

    Abril 13, 2021 at 9:52 pm

    “FELICITACIONES PROFESOR “

  6. iamrealsheby

    Abril 13, 2021 at 10:26 pm

    Felicitaciones por sus palabras señor.
    Este tipo Briones no sirve para nada,
    jamás será presidente.

  7. Begoña Fernández

    Abril 14, 2021 at 9:00 am

    Mi respeto y admiración, una profesora jubilada que ejerció 30 años Y aún tiene esperanza que nuestro sistema cambié y los profesores sean respetados y valorados como lo merecen al ser esenciales en el desarrollo de nuestra sociedad.

  8. Edith Miranda.

    Abril 14, 2021 at 11:47 pm

    Hola totalmente de acuerdo con este profesor,como Briones fue capaza de menospreciar a los profesores chilenos que tienen que inventar como Aser una clase ya que no les dan las herramientas,porque todos los sostenedores están preocupados de economisar así ellos tienen más ganancia,es una vergüenza la opinión de Briones.

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Opinión

Un gobierno que no desilusiona, no es un buen gobierno

Los paradigmas que pretenden modificarse no pueden ser algo de una administración para luego desvanecerse; debe haber un trabajo lo suficientemente  detallado para que el futuro sea compartido, y para que ciertas premisas se perpetúen en el tiempo.

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La decisión de Gabriel Boric de que Irina Karamanos, su pareja, finalmente se haga cargo de todo lo que implica ser Primera Dama, ha causado, como siempre sucede, todo tipo de reacciones en las redes sociales, entre opositores y adherentes. Desde cierto feminismo la han mirado con desilusión por aceptarlo, debido a lo que implica y lo que representa dicho puesto, como también hay quienes han querido ver traición de parte del presidente electo, por haber dicho en campaña que quería terminar con el rol que su pareja desempeñará.

La razón de esto es porque algunos no entienden que gobernar es desilusionar, como dice ese popular dicho en los pasillos de la política. Una vez que se está en el poder, éste resulta más complejo de lo que se ve desde afuera o desde al frente. Y no debido a esas vulgares interpretaciones que suponen una transformación de quien lo ostenta, sino por todo lo que lleva consigo; por las señales; por los códigos; por los símbolos que entraña.

Eso es lo que tanto Irina como Gabriel están viendo frente suyo como una enorme maquinaria que respira sola, tiene sus propias lógicas y sus formas de dejarse conducir. Han entendido que el principal antídoto ante los reaccionarios que quieren que nada cambie, es la continuidad de ciertas cosas para, luego, poder reformarlas de manera importante. Porque la radicalidad no consiste en llegar y destruir todo, sino en conducir un proceso inteligentemente para, desde adentro, lograr dar nuevos significados políticos al arte de gobernar.

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Por ejemplo, por mucho que algunos creamos que es urgente una refundación política e ideológica de Carabineros, la experiencia demuestra que esta ansiada intervención civil debe hacerse con autoridad, y ella se construye diariamente, conviviendo con esa policía, construyendo puentes y luego, tomando la decisión radical.

Sin una autoridad que radique en la continuidad, el cambio sólo traerá crisis y no cambiará absolutamente nada. Pues lo que viene hacia el futuro, ya sea en las acciones diarias del gobierno como en las reformas estructurales que plantee la Convención Constitucional, debe consolidarse democráticamente. Los paradigmas que pretenden modificarse no pueden ser algo de una administración para luego desvanecerse; debe haber un trabajo lo suficientemente  detallado para que el futuro sea compartido, y para que ciertas premisas se perpetúen en el tiempo.

Para eso, también, habrá que reformular el lenguaje; y acá me refiero particularmente a Irina, quien aún habla como si estuviera leyendo constantemente un ensayo de Judith Butler. Y para corregir eso, debe dejar un poco la academia y hacer política como su compañero, quien, a lo largo de una carrera de diez años, ha sabido entender que hay formas y formas de dar un mensaje.

Como dijimos al comienzo, gobernar es desilusionar; y la desilusión más importante es la que experimentan quienes llegan al poder. Porque esta experiencia los hace tomar conciencia y sopesar la magnitud de la tarea, más aún cuando ésta no es sólo administrar la mencionada continuidad, sino resignificarla bajo otros parámetros.

El nombramiento de Mario Marcel como titular de Hacienda, también podría ser parte de lo mismo. Por más que aquellos que juegan a la revolución hayan querido un ministro con un perfil diferente al de quienes han encabezado la billetera nacional durante estos últimos 30 años, para llevar a cabo vuelcos políticos de tamaña relevancia para la cotidianidad de los chilenos, se necesita alguien que conozca a la perfección los pasillos del poder; alguien que pueda enfrentarse en un terreno similar a quienes ponen sus intereses por sobre los de la ciudadanía. Y Marcel es el hombre indicado.

Aunque se crea que la mochila ideológica que carga el presidente del Banco Central es la evidencia de una derrota política ante los acuerdos transicionales, lo concreto es que esa mochila es el conocimiento de las posibilidades y de los límites, pero además de las condiciones necesarias que logren que la realización del horizonte programático pueda ser sin que haya excusas de parte de parte de un relato oficial que se asusta frente a las pocas certezas.

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Marcel, si es que lleva a cabo responsablemente lo que el gobierno entrante se propone, será la demostración empírica de que lo que preocupa y ha preocupado por años en sectores de poder no es un asunto técnico, sino uno ideológico. Por lo que aventurarse a acusar traiciones o ventas al mejor postor, es no querer saborear quizá lo más dulce de la contienda política, que es encontrar los caminos más contradictorios entre sí, para caminar hacia lo que se pretende. Porque el objetivo nunca será disfrutable si es que el camino no es complejo. Y lo fácil es propio de quienes menosprecian lo público y la democracia. Por lo tanto, un gobierno que no desilusiona, no es un buen gobierno, sino un panfleto institucionalizado.

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Opinión

“Desigualdades que matan” y el impuesto a los “súper ricos”

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El reciente lunes 17 de enero se publicó el informe “Desigualdades que matan” de OXFAM, una fundación de organizaciones no gubernamentales de ayuda contra el hambre. En el reporte destacan cifras y datos impactantes respecto a la brecha de desigualdad durante estos casi dos años de pandemia de Covid-19, y se realiza una crítica a lo que califican como “violencia económica”, en la que -como advierten- se “beneficia a los más ricos y poderosos”.

El 11 de marzo de 2020, hace casi dos años, se declaraba como una pandemia a la emergencia global por contagios por Covid-19, con esto se daba inicio a un periodo de grandes cambios en el estilo de vida de la humanidad: desde la implementación del uso de mascarillas de manera cotidiana, del lavado de manos, uso permanente alcohol gel, hasta viajes y traslados limitados o la prohibición de estos. 

Junto con esto comenzó una serie de ajustes en el mercado laboral, desde el teletrabajo y la automatización, regulaciones y restricciones debido al aforo permitido, hasta la flexibilización laboral, reducción de salarios y despidos. 

Por otra parte, la pandemia dejaba en evidencia la crisis que se asomaba en la salud pública, con falta de implementos como camas críticas o de personal de salud, de limpieza, y la incapacidad para responder ante emergencias de tal magnitud. Algo que después de una relativa vuelta a la “normalidad”, se vió reflejado en despidos de amplios sectores que habían puesto su tiempo y expuesto sus vidas para colaborar ante tal crisis, aun con jornadas extenuantes y condiciones laborales muchas veces precarias. 

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Se estima que a la fecha la pandemia ha cobrado más de 5.5 millones de vidas.

VIOLENCIA ECONÓMICA

Según el mencionado informe de OXFAM, “esto nunca ha sido fruto del azar, sino el resultado de decisiones deliberadas: la ‘violencia económica’”. Con lo anterior la ONG se refiere a que “las decisiones políticas a nivel estructural están diseñadas para favorecer a los más ricos y poderosos, lo que perjudica de una manera directa al conjunto de la población y, especialmente, a las personas en mayor situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas”.

Y es que las contradicciones sociales se han vuelto mucho más evidentes con la pandemia; de esa misma manera se deja en evidencia que el sistema político, económico y social está previsto para proteger a las grandes fortunas del mundo, y con el objetivo de aumentarlas.

De hecho, cabe recordar que las principales fortunas del país, bajo la administración del Presidente Sebastián Piñera y en plena pandemia, aumentaron sus ganancias. Mientras el sistema de salud colapsaba, o mientras la mayoría de la población tuvo que recurrir a ayudas estatales como el IFE, el Seguro de Cesantía, o a nuestros fondos de pensiones (que mayormente se usaron para el pago de deudas, alimentación y recursos básicos). Mientras, además, vivíamos momentos de mucha inestabilidad laboral e incertidumbre producto de despidos y flexibilización laboral.

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Asimismo, el informe advierte que “los diez hombres más ricos del mundo han duplicado sus fortunas (…), mientras que los ingresos del 99% de la humanidad se habrían deteriorado a causa de la COVID-19”.

Según Forbes, al 30 de noviembre de 2021 la riqueza de los diez hombres más ricos del mundo se había incrementado en 821.000 millones de dólares desde marzo de 2020. Según la lista, los diez hombres más ricos son (de izquierda a derecha y desde arriba en la imagen): Warren Buffett, Mark Zuckerberg, Bill Gates, Elon Musk, Jeff Bezos, Steve Ballmer, Larry Ellison, Bernard Arnault, Sergey Brin y Larry Page. 

Por otra parte, el informe afirma que “según se estima, más de 160 millones de personas han caído en la pobreza”. Otro dato expresa la aplastante desigualdad, donde desde el inicio de la pandemia “se suma un nuevo milmillonario cada 26 horas”. Esto, mientras que -según se agrega- “la riqueza de una pequeña élite de 2.755 milmillonarios ha crecido más durante la pandemia de COVID-19 que en los últimos 14 años, que ya había sido una época de bonanza económica para ellos”.

Instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y Crédit Suisse, así como el Foro Económico Mundial, “han estimado que la pandemia ha provocado un aumento de las desigualdades dentro de los países en todo el mundo”. Mientras, en  forma paralela, “como mínimo 73 países se enfrentan a posibles medidas de austeridad respaldadas por el FMI, lo que puede agravar las desigualdades entre países, así como todas las formas de desigualdad a nivel interno”. 

Dentro de las consecuencias que tienen las medidas de austeridad, los derechos de las mujeres y la brecha de género, son de las más golpeadas, atrasando los avances en torno a estos temas. De hecho, el mismo informe advierte que se “ha retrasado el camino para cerrar la brecha de género toda una generación, ya que ahora se tardarán 135 años frente a los 99 años antes de la pandemia”.

UNA VACUNACIÓN DESIGUAL

Otro aspecto importante que se desgrana del informe “Las desigualdades matan” es el valor de la vida y la salud en contexto de pandemia, puesto que el Covid-19 y su rápida expansión hizo patente la crisis de la salud pública y privada, no solo en términos de recursos técnicos/tecnológicos y humanos, sino también en términos de quienes tienen más derechos o acceso a salud. 

En este sentido el informe aclara, por ejemplo, que “la desigualdad de ingresos resulta más determinante que la edad a la hora de estimar si alguien perderá la vida a causa de la Covid-19”.

Por esta misma razón se explica, por ejemplo, que los países blancos/occidentales tienen mayor acceso a procesos de vacunación que África, India o países de Latinoamérica. 

“Estas milagrosas vacunas que tanta esperanza daban a la humanidad, han estado desde el primer día reservadas al servicio del beneficio privado y del monopolio. En lugar de vacunar a miles de millones de personas en países de renta media y baja, hemos creado milmillonarios a costa de estas vacunas, mientras las grandes farmacéuticas deciden quién vive y quién muere”, advierte el informe, que además considera que se ha creado un “apartheid de las vacunas”, lo que se ve expresado en que se ha cobrado “innecesariamente las vidas de millones de personas en países con acceso limitado a las vacunas”.

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Foto: Minsal

Todo esto impacta en las brechas existentes y el crecimiento de las desigualdades entre naciones, donde los países ricos aumentan sus vacunaciones y vuelven a una relativa “normalidad”, permitiendo a los ricos, de casi cualquier país, el poder de aguantar la crisis económica profundizada por el Covid-19.

LA MUERTE, UN ELEMENTO INTRÍNSECO DEL CAPITALISMO

“Que las personas en situación de pobreza, las mujeres y las niñas, y las personas racializadas se vean afectadas y mueran de manera desproporcionada en comparación con las personas ricas y privilegiadas, no es un error fortuito en el modelo actual de capitalismo, sino un elemento intrínseco de este sistema”, advierte Oxfam.

Y es que mirado desde afuera, por así decir en tercera persona, la relación del capitalismo con la humanidad ha sido en desmedro del avance social y está focalizado en la acumulación de riquezas, a costa de la vida humana. Evidencia de esto es en gran medida lo mostrado por el informe de OXFAM, que actualiza datos en relación a la desigualdad profundizada por la pandemia. Sin embargo, previo a la pandemia ya podemos ver que la desigualdad era parte del sistema. Un ejemplo de esto es que “desde 1995, el 1% más rico ha acaparado cerca de 20 veces más riqueza global que la mitad más pobre de la humanidad”, como apunta la ONG. De esta misma manera, “conjuntamente, 252 hombres poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas de África, América Latina y el Caribe”.

Esta misma lógica la podemos trasladar a distintos ámbitos de la vida, por ejemplo, en la emisión de gases contaminantes, en relación directa con el cambio climático. En el informe se presenta como ejemplo, señalándose que “se estima que el promedio de las emisiones individuales de 20 de los milmillionarios más ricos es 8.000 veces superior a la de cualquier persona de entre los mil millones más pobres”.

IMPUESTO A LOS SUPER RICOS

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Otra aspecto interesante del citado informe es que no solo nos entrega un panorama actual de la desigualdad, sino que además propone algunas medidas ante este escenario.

La primera es “reintegrar la riqueza extrema en la economía real para abordar las desigualdades”. Con esto se refiere a que los gobiernos se pongan en campaña para aplicar gravámenes o impuestos extraordinarios a las grandes fortunas y sus ganancias durante la pandemia. “Por ejemplo, un impuesto excepcional del 99% sobre las ganancias acumuladas durante la pandemia por los diez hombres más ricos del mundo, permitiría recaudar 812.000 millones de dólares”, apunta OXFAM.

Otra de las medidas propuestas es la de “reorientar la riqueza para salvar vidas e invertir en nuestro futuro”, haciendo una exigencia a los gobiernos para que “el legado de la pandemia debe ser unos servicios públicos de salud universales y de calidad financiados con dinero público, para que nadie tenga que volver a pagar de su bolsillo por acceder a estos servicios”. Y lo mismo se sugiere en otros temas de relevancia pública, como medidas para acortar la brecha de género, abordar el cambio climático y la contaminación, entre otras.

Finalmente, el documento propone “cambiar las reglas y las dinámicas de poder en la economía y la sociedad”, lo que implicaría “la eliminación de leyes sexistas, incluidas aquellas que hacen que casi 3.000 millones de mujeres no puedan acceder por ley a las mismas opciones laborales que los hombres. Esto incluye también la derogación de las leyes que socavan los derechos de sindicalización y huelga de los trabajadores y trabajadoras”. 

Para tener en consideración, el informe propone un impuesto progresivo y extraordinario solo considerando las riquezas producidas en plena pandemia. “Un impuesto del 99% sobre los ingresos extraordinarios que los 10 hombres más ricos han obtenido durante la pandemia de COVID-19, podría movilizar dinero suficiente para fabricar suficientes vacunas para toda la población mundial y cubrir el déficit de financiación de las medidas climáticas, financiar unos servicios de salud y protección social universales, y apoyar los esfuerzos para abordar la violencia de género en más de 80 países. Y aun así, estos hombres seguirían teniendo 8.000 millones de dólares más que antes de la pandemia”, concluye al respecto OXFAM. 

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Opinión

Santos Discépolo. Gritos de actualidad

Discépolo sentencia el fin del progreso y su olimpo. Si bien, bajo el peronismo se baila tango en los salones y en los Estadios, de aquí en adelante -más allá del fetiche cultural- el género será difícilmente tolerado como una expresión genuina de compadritos, de malevos….al estilo del guapo Cruz Medina –valiente y servicial-. Lamentable llego la hora de estetizar los desgarbos arrabaleros del 20’. Presenciamos el fin del periodo “aurático”, fundacional y orillero.

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a la ralea neoliberal

al horrible desasosiego.

Una prosa de Sergio Pujol, “Discépolo: una biografía argentina” (1997), abre una penetrante intuición cuando nos recuerda la “crisis de creatividad” en la obra del dramaturgo argentino bajo los “años dorados” del Peronismo (1946-1955). Si bien ya intuíamos tal hito desde los textos pioneros de Emilio de Ipola, nos referimos a la condición peronofila del hijo de Santos, la idea aún no nos terminaba de seducir. Según ambos autores, el “filosofo del tango”, habría padecido una “crisis experimental” que se puede atribuir al monumentalismo estético del primer peronismo –al cual suscribió sin miramiento de pasiones. No debemos olvidar que Discépolo comprometió una activa participación con Juan Domingo Perón bajo la sátira radial “mordisquito”.

Su entusiasta intervención radial contra el conservadurismo argentino fue desenfadada y le trajo un alto costo dentro de la comunidad tanguera. En plena “década infame” (1930-1943) la “oligarquía carnera” había convenido un envilecido acuerdo con Inglaterra, el famoso pacto Roca-Runciman que data del año 1933 fue el telón de fondo de letras tan existenciales como melodramáticas. Muchas de ellas cargadas de una prosa tremendista y otras desde un catolicismo desesperanzado ante las modernizaciones y los cismas teológicos. Tras esta debacle social (años 30’) la Argentina se asumía como un enclave de la “piratería inglesa” y ello pavimentó el camino a una crisis moral donde el poeta presagió –y supo nombrar- la condición fatídica de los tiempos.

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Por analogía con lo que es un yacimiento cuprífero, y socialmente por la ausencia de mujeres en los años 20 en la Argentina, Discépolo se refiere a este trágico episodio desde una metáfora masculinizante, propia del baile de compadritos, “se nos fue la mina”. A su manera, cual moralista decepcionado, el autor de Cambalache se inscribía como un pensador que presagiaba la decadencia moral de occidente, a la manera en que Oswald Spengler lo había retratado años antes. Como conclusión de lo anterior, la razón moderna se había suicidado.

Una vez que tuvo lugar el “aluvión” de la institución tanguera, que se prolonga desde 1940 hasta 1955, donde las orquestas típicas y las industrias sellaron un pacto nacional-popular con el gobierno de Perón, la “maquinaria” peronista materializa un programa de difusión radial del género. El tango como fenómeno de masas se hace parte de la industria cultural bajo un celebrado cancionero popular. Ello se traduce, entre otras cosas, en la rica filmografía argentina, donde prolifera una amalgama de actores y personajes del tango como Hugo del Carril, Ángel Vargas, Aníbal Troilo, Tita Merello, Raúl Berón y la propia compañera de Discépolo: Tania, motivo soterrado del tango Martirio. Sin lugar a dudas, esta suerte de pacto nacional-popular viene a representar un tiempo glorificante, pero sin advertir que se avecinaba un tránsito que dejaba atrás el origen desarraigado, homo-gay, y contestatario del género.

La consolidación de la industria cultural (¡Gardel for export¡) lesionaba irremediablemente la condición “marginal” del género a comienzos del siglo XX. Me refiero a un contexto que destaca por la inmigración de “tanos” refugiados en prostíbulos; tanos y compadritos que lloran por el drama de la inmigración. El tango como una lengua del desarraigo y una clave crítica de los contratos modernizantes. Bajo la “década infame” (y el naufragio de la Argentina en los años 30’ que Discépolo lo describía como la perdida de “la mina” en alusión al yacimiento) destaca la queja contra la patronal heredada del canto-protesta de Agustín Magaldi y sus reclamos. De ahí en más, la industria del tango está vinculada a la masificación de orquestas típicas.

En virtud de este proceso de “canonización”, Discépolo escribe en los “años dorados del peronismo” una de sus últimas obras póstumas, Cafetín de Buenos Aires (1948). Aquí el poeta del tango explota fundamentalmente el expediente de la nostalgia. Quizás Cafetín representa una inflexión respecto de los más notables registros existenciales de Santos Discépolo. No debemos olvidar que fue el mismo poeta que mediante frases memorables al estilo del tango ¿Qué vachache? (1925), sentenció la irreversible debacle moral de occidente. Crisis de fe, mito y teología.

En su célebre Cambalache (1934) recusaba los vicios inexcusables del programa moderno; “El mundo fue y será una porquería ya lo sé, en el 510 y en el 2000 también…”. En el tango Tormenta sentencia, “yo siento que mi fe se tambalea que la gente mala vive ¡Dios¡ mejor que yo, si la vida es el infierno y el ‘honrao’ vive entre lágrimas ¿cuál es el bien? (1939)”. Aquí Discépolo plasma el más exuberante dramatismo religioso. Un grito desgarrador al igual que Job en el Antiguo Testamento. 

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El autor se siente estafado por ser “uomo bono” y por seguir las enseñanzas de la fe; mirando cómo a su alrededor los “malos” viven mejor que él. Este tango, como todos los de Discépolo, posee una infinita actualidad. Volvamos a otro verso del mismo: “…Si la vida es el infierno/ ¿Cuál es el bien…del que lucha en nombre tuyo, / Limpio, puro?… ¿para qué?. Si hoy la infamia da el sendero / Y el amor mata en tu nombre, ¡Dios!, lo que has besao… / El seguirte es dar ventaja y el amarte sucumbir al mal”. ¡Qué duda cabe¡  lo más prolijo de la poética Discepoleana está concentrada en aquella Argentina de la “década infame” (Gobiernos dictatoriales de Uriburu y Justo). De un lado, tenemos el tango burlón (Chorra, Victoria, Justo el 31), y de otro, el “sublime” drama existencial frente a la modernidad, “…de llorar la biblia frente a un calefón”.

Toda esta expresión está reflejada en letras de bronce como Desencuentro, Yira-Yira, Martirio, Confesión, Canción Desesperada y Desencanto. Todo indica que la producción tanguera más fecunda del autor se ubicaría en el periodo 1925-1939. En este periodo el autor de Cambalache se nos presenta como un moralista decepcionado que declara desahuciado el proyecto moderno -merced a los vicios de los años 30’- el progreso no es posible.  En la suite de tangófilos la década del 30’ marca el fin del periodo más prolijo de aquello que Osvaldo Pugliese definió como un folklor de la plata.

De ser “cierta” la tesis inicial, la crisis de creatividad debería explicarse por el proceso de institucionalización que experimenta el tango en el primer peronismo. Idea abierta por De Ipola y ratificada bajo otro expediente por Pujol. Por ello cabría ir más allá de una apropiación “kish” de un conocido refrán tanguero, cual es “el tango es un pensamiento triste que se baila”.

Cabe agregar que se trata de “una metafísica que se baila” en el lenguaje de Ernesto Sabato. Dicho sea de paso, se baila entre hombres: el “guapo Rivera” del célebre tiempos viejos, era un malevo y también un reconocido bisexual camuflado en el argot de la crónica tanguera. El Tango después del tiempo establece una virilización heterosexual. En cualquier aproximación antropológica habría que escudriñar en la condición sexual del tango. Sin perjuicio de lo último, deberíamos reinterpretar esta máxima y enfrentarnos a otra interrogante fundamental, ¿cómo es posible que un pensamiento triste se baile en medio de una institucionalización carnavalesca? ¡Bailar los dolores de la inmigración¡ ¡bailar en esta tierra negra¡ Esa es, quizás, la intuición discepoleana más primordial; la fatídica relación entre masificación estival (tecnificación) y una pesadumbre que atraviesa a los tiempos modernos. Ese es el recoveco más genuino que debemos subrayar, la desdicha existencial, la desesperanza que se cierne sobre el porvenir. La acritud que recae tras la modernización de las palabras y las cosas.

Discépolo sentencia el fin del progreso y su olimpo. Si bien, bajo el peronismo se baila tango en los salones y en los Estadios, de aquí en adelante -más allá del fetiche cultural- el género será difícilmente tolerado como una expresión genuina de compadritos, de malevos….al estilo del guapo Cruz Medina –valiente y servicial-. Lamentable llego la hora de estetizar los desgarbos arrabaleros del 20’. Presenciamos el fin del periodo “aurático”, fundacional y orillero. No cabe duda que la progresión dramática de Santos Discépolo está relacionada con la década infame (1930-1943). Hay múltiples indicios que nos indican que la escenificación de la orquesta típica es el comienzo del fin y el inicio de vanguardias y ciclos de experimentación de incierta contribución.

Por último, cuando evocamos el sentido universal de su célebre “Cambalache” (1934) y recordamos su densidad pesimista, existe aquí un diagnóstico desolador que anticipa los traumas del pequeño siglo XX. Para Discepolin no fue necesario esperar Auwchitz y su “racional irracionalidad”, la guerra civil española, el conflicto chino-japonés, la burocracia estalinista, “los bolches y los juicios de Moscú del año 1936”. El nefasto corolario de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, los campos de concentración desde Guantánamo a Villa Grimaldi.

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El desbande de la razón, el mismo que desde otra perspectiva había denunciado la escuela de Frankurt, se deja ver en una serie de creaciones donde el dramaturgo en la segunda década del siglo XX subraya la vigencia de la sociedad de las águilas (totalitarismo de izquierda y de derechas). El existencialismo de sus letras nos permite presagiar la debacle del proyecto moderno en los años jóvenes del siglo XX. Por estos días, donde la enfurecida acumulación de capital envilece al lenguaje, donde se resquebrajan los últimos sustantivos, no está demás recordar el Cambalache que gobierna nuestro infinito presentismo.

Trizano. Temuco.

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