Carlos Larraín, el verdadero cuico

Carlos Larraín. El personaje efectivamente, a diferencia de muchos otros, pertenece a la llamada clase alta de este país. Su visión de la sociedad y de su rol y el de su familia en esta, obviamente es diferente a la de otra gente. Existe desde siempre en Chile algo que, más allá del dinero, escuda a ciertos sectores. Y se llama conciencia de clase. Entender qué se es, la historia que se tiene y hacia dónde se va en el futuro.


Para comenzar, digamos que preguntarle a Carlos Larraín sobre el proceso de su hijo Martín y esperar una reacción diferente a la que mostró en el programa Pauta Libre de La Red, este domingo, es ser iluso o mentirse. Al hacerle una pregunta sobre esa situación, al igual como cuando se le pregunta por los Derechos Humanos a Hermógenes Pérez de Arce, no se obtendrá otro resultado. De acuerdo a su formación de clase, a su visión de la prensa y todo lo que podamos agregar, Larraín responderá así.

Esto lo señalo porque en redes sociales hay varios que parecen sorprendidos. Siempre hay quienes quieren volver a sorprenderse con lo que han visto una y otra vez. Algunos podrán decir que es una forma de no normalizar estas actitudes como la del expresidente de RN, y pueden tener razón; sin embargo, pareciera que lo que sí se normaliza es escandalizarse con lo que siempre nos escandaliza, como si no viviéramos en el país que vivimos.

Recordemos que en estos últimos meses ha habido una especie de hambre de las redes sociales por identificar a los “cuicos”. Cualquier persona que gasta una cantidad de dinero en fiestas o anda en un cierto tipo de automóviles, pareciera ser merecedor de esa chapa tan exclusiva en Chile por muchas décadas. Todos los que tenían cierta capacidad de endeudamiento- y hacían de esta un estilo de vida lujoso- era cuico, abc1, millonario, etc. Y lo cierto es que no es tan así. Eran más bien personas de clases similares que se acusaban entre ellas, tratando de buscar al de arriba, donde no estaba.

Resulta bastante gracioso viniendo de quienes dicen cuestionar al neoliberalismo. ¿Por qué? Porque pareciera que no entienden tal vez una de las principales características del sujeto creado en estas lógicas: personas que gastan más de lo que ganan y ven sus únicas certezas en las tarjetas de crédito. De nuevo: hay mucha gente que busca sorprenderse con lo que se ha sorprendido una y otra vez.

Pero volvamos a Carlos Larraín. El personaje efectivamente, a diferencia de muchos otros, pertenece a la llamada clase alta de este país. Su visión de la sociedad y de su rol y el de su familia en esta, obviamente es diferente a la de otra gente. Existe desde siempre en Chile algo que, más allá del dinero, escuda a ciertos sectores. Y se llama conciencia de clase. Entender qué se es, la historia que se tiene y hacia dónde se va en el futuro.

Todo esto transciende a las interpretaciones antojadizas que podamos hacer del poder o de la maldad que supuestamente hay en este. Larraín cree realmente lo que dice sobre su hijo. Está convencido que hay una persecución que tomó ribetes mayores por ser quién es él. Y más importante aún: tiene la idea de que fue una travesura que se salió de las manos.

¿Cuál es el problema de esto? Precisamente eso. Que las travesuras de unos que son dramas de otros. Eso, más allá de cualquier discurso, es algo que sucede y preocupa por la forma en que las instituciones toman decisiones; bajo qué criterios, ya sea sociales, políticos o de otra índole.

Por lo tanto, el problema es más profundo que una persona, que mover hilos de poder. Es por qué se mueven esos hilos. Es si realmente quienes lo hacen sienten que están haciendo una acción fuera de la ley o solo hacen uso de redes para que les hagan “una gauchada”. Esa es la pregunta. Pero esta debe ser respondida y argumentada con el conocimiento de las diferencias sociales que, en Chile, más allá de la supuesta movilidad monetaria que ha dado el mercado, sigue ahí.

Pareciera que la búsqueda incesante de cuicos, siempre pasó por alto a quienes sí lo son. A quienes si bien hacen fiestas como quienes viven en Puente Alto, lo cierto es que tienen una historia de colegios, de veraneos, de juntas familiares que es más importante que cuánto tienes en la cuenta.

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