Carabineros censura el arte y proyecta con su luz cómo es la democracia de Chile

Una policía desobediente, desconectada del poder político, de la vida civil. Una policía ignorante que fomenta el desconocimiento y el vacío cultural; herencia de aquella que apostó por quemar libros para buscar orden.

Es un acto mecánico: la policía percibe en la plaza sitiada una luz con un mensaje diferente a la normalidad militar, y actúa como un movimiento reflejo. Puede pasar como anécdota, pero la censura de Carabineros a la acción artística lumínica en Plaza de la Dignidad expresa la profundidad del comportamiento policial  en Chile: reprimir por impulso, enfrentar la diferencia creativa como se enfrenta a un enemigo naturalizado, despreciar lo artístico como se hace con el delincuente. Todo, sin el mínimo razonamiento. La foto de nuestra democracia inmadura e intervenida: atacar lo “no normal”.

No importó que @Delight_Lab y @galeriacima proyectaran versos e imágenes, en el marco de la Semana de las Artes Visuales Barrio Arte, con el financiamiento del Ministerio de las Culturas, con la invitación del municipio de Santiago, el GAM y el MAC; porque lo que es realmente importante para el impulso irracional de una patrulla en una tranquila noche metropolitana es la invasión de una extraña luz en su feudo militarizado; lo inaceptable para Carabineros es que en su cuartel apropiado se luzca el Guñelve -o estrella de Arauco-, símbolo mapuche representante del lucero de la mañana, lo intolerable, lo censurable, lo que es digno de atacar es el círculo de luces escribiendo en el centro simbólico del país el verso DESTRUIR EN NUESTRO CORAZÓN LA LÓGICA DEL SISTEMA, del poeta chileno José Ángel Cuevas. 

Lo que indica la reacción de Carabineros, lo que dicen las imágenes de su burda censura es que para ellos lo mapuche es malo, lo poético dañino, peligroso, extinguible; y se debe sofocar sin cuestionarse, luz contra luz, sin preguntar qué será lo que está detrás. Quizás y hasta sabían que se trataba de una acción autorizada, pero su misión aquella noche no era otra que hacer desaparecer el respiro de poetas y la proyección de un pueblo originario -como lo han hecho desde hace tanto tiempo, tantas veces-. 

Dos fueron los poetas chilenos homenajeados este jueves 24. Juan Luis Martínez y Pepe Cuevas. El primero, “el secreto mejor guardado de la poesía chilena”, según Memoria Chilena, destacó por “su actitud experimental que borra los límites entre literatura y arte”, lo que “continúa generando perplejidad y entusiasmo”; como lo hizo “Señales de ruta”, el laberinto proyectado y atravesado simbólicamente por Sogol este jueves para llegar al centro de la Plaza, creado como cita a la obra de Martínez, y al libro de Enrique Lihn y Pedro Lastra.

El segundo, Pepe Cuevas, según Vicente Undurraga, “ofrece la aciaga crónica del achatamiento transicional, una sociedad donde el socialismo, para decirlo todo de una vez, termina vinculado no ya al capital sino al narco, mientras los jóvenes o ex-jóvenes no somos capaces de articular más que nuestra propia vida, consolidando un país del sálvese quien pueda o el te paseo lumpenesco. Este Chile o ex-Chile es el centro deprimente de su poesía última, que, gran gracia, no es deprimente sino vivaz y enérgica”.

Lo que nunca sospecharon los carabineros, que con una sonrisa burlesca comprobaban cómo sus focos proyectados difuminan las cámaras de la Galería Cima y el centro de la Plaza con sus obras, es que hoy los nombres y las obras de los poetas que quisieron borrar, aparecen con más fuerza y rebeldía ante una acción de censura que aparece grotesca, frívola, vacía. 

Como coronando un poema de Pepe Cuevas, el carabinero sentado en la comodidad de su camioneta perteneciente a la 21 comisaría de Estación Central, colorea con sus verdes y grises la postal del Chile deprimente que vibra en un corazón que sigue las lógicas del sistema. No lo sabían, pero con su acción de censura digna de las más putrefactas dictaduras, carabineros sólo sacaban brillo a una obra. 

Pero el problema de fondo es de envergadura mayor, pues en el sencillo acto de empinar un foco para aplacar un mensaje, una obra, un símbolo mapuche, un poema, se expresa la decadencia plena de la democracia regente. Una policía desobediente, desconectada del poder político, de la vida civil. Una policía ignorante que fomenta el desconocimiento y el vacío cultural; herencia de aquella que apostó por quemar libros para buscar orden.

Una institución actuando como delincuentes, montando vendettas, gozando maldades, travesuras, fuera de todo protocolo y orden preestablecido. La muestra del estado de una policía que carga con frescas violaciones a los derechos humanos que permanecen impunes. El reflejo de un alto mando investigado por Contraloría. La proyección lumínica de la democracia resguardada por una policía militarizada que goza, grosera, la censura y la represión.

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