Camioneros al ataque: el lenguaje del terror

Villagrán ratifica su amenaza informándonos que para proteger a los suyos también pagaremos todos: los enfermos que dejarán de recibir sus medicamentos, los necesitados que dejarán de recibir un kilo de arroz, los trabajadores que no podrán movilizarse sin bencina. Una perfecta bomba de racimo es el corazón de la amenaza de Villagrán, quien tal como Pinochet, sólo advirtió una vez. Desde este jueves deberemos presenciar, justos y pecadores, el boicot al país liderado por los camioneros que no soportan un minuto más de dilatación en el cumplimiento de sus demandas de resguardo especial -ni más ni menos que trece leyes-.

De pronto da la impresión de estar escuchando a Pinochet. “El día que me toquen a alguno de mis hombres se acabó el estado de derecho”, dijo el dictador en 1989. Dos décadas después no es un dictador el que amenaza. Es José Villagrán, dirigente de la Federación de Camioneros del Sur y excandidato a senador de la UDI, quien hace días alertó al país que “una quema más y vamos a reaccionar”. 

En el lenguaje del terror las esquirlas que una reacción deja en el camino afectan a todos. Así como para Pinochet si le tocan a uno de sus hombres se acabaron los derechos para todos; Villagrán ratifica su amenaza informándonos que para proteger a los suyos también pagaremos todos: los enfermos que dejarán de recibir sus medicamentos, los necesitados que dejarán de recibir un kilo de arroz, los trabajadores que no podrán movilizarse sin bencina. Una perfecta bomba de racimo es el corazón de la amenaza de Villagrán, quien tal como Pinochet, sólo advirtió una vez. Desde este jueves deberemos presenciar, justos y pecadores, el boicot al país liderado por los camioneros que no soportan un minuto más de dilatación en el cumplimiento de sus demandas de resguardo especial -ni más ni menos que trece leyes-.

Pero más allá del verdadero y efectivo impacto de una movilización de los camioneros del sur en el abastecimiento -es sólo una de las tres grandes organizaciones gremiales- lo que impacta en las advertencias y amenazas de Villagrán y compañía es el lenguaje, las palabras con que se presentan frente a un país que les parece digno de su manejo y control, un país con todos sus poderes estatales subordinado al cumplimiento inmediato de sus requerimientos. 

Hoy dicen que “se guardan los camiones o se colocan en las bermas de las carreteras y no van a trasladar ningún producto. Ni uno. Ni los remedios, ni el combustible, ni los abarrotes. Nada”. Lamentablemente, añade Villagrán, en este juego de poder “los que menos tienen van a ser perjudicados”; de paso, pide disculpas, pues, como indica el mensaje, las consecuencias en las vidas de todas las personas están subordinadas al poder de su amenaza. Gajes del oficio. 

Pero el oficio del lenguaje del terror de los camioneros tiene larga data en la historia de Chile. Y en ocasiones como esta, es bueno recordarlas, otra vez. Es un lenguaje que está entrenado y que reluce cada vez que consideran que es necesario. Apenas cinco años atrás lo ocuparon contra el gobierno de Bachelet, al que desafiaron con el desfile de una decena de camiones quemados frente a La Moneda, amenaza que cumplieron en una noche invernal que rompió todo protocolo; sin permisos y con otras tantas máquinas parando el paso de Angostura. Si era necesario pasarían otras decenas de camiones más frente al Palacio presidencial, asustaron.

En su petitorio, junto con exigir siete medida inmediatas para aumentar la seguridad en sus desplazamientos, llamaron a modificar las reglas de las compras de tierras indígenas y se lanzaron contra la reforma laboral, oponiéndose a “la formación de sindicatos con menos de 25 personas, a las limitaciones para la extensión de beneficios y a las restricciones al reemplazo en huelga con personal interno”. Una auténtica afrenta política a un gobierno desestabilizado.

En esa movilización, el secretario general de la CNTC, José Egido -según informó Ciper-, llegó a invocar el rol de los camioneros durante la UP al hacer una arenga en la carretera: “Salgan a las calles, apoyen a nuestra manifestación. Es por el futuro de ustedes y el futuro de algunos pequeños que veo por acá, que les tenemos que legar un país libre igual como el que esos camioneros muchos años atrás nos dejaron a nosotros”.

El lenguaje del terror es totalitario y se asume como todopoderoso. Se cumplen todos mis deseos o rige la peor amenaza. Luego, la amenaza se cumple. No hay obstáculos políticos, legales, ni éticos que se opongan a la ejecución del plan. Ayer desfilaron como un batallón con sus armas frente al palacio presidencial de Bachelet, con decenas de otras máquinas en otros frentes de batalla de manera paralela. Mucho antes, en lo que sienten su gloria fundacional, desabastecieron el país durante meses financiados por la CIA, golpeando mortalmente a un gobierno socialista y a un pueblo sumido en falta de alimentos y precariedad. El líder de aquel movimiento histórico, León Vilarín, es un héroe que se disputan hasta hoy los gremios. El héroe que hizo campaña por el Sí, que murió pinochetista, y que por diarios y televisión amenazó por años a Allende con un cúmulo de exigencias gremiales y políticas, que de no cumplirse acarrearía las penas del infierno en todo el territorio.

Hoy miran al frente con el mismo lenguaje cubierto de terror. No importa el color del gobierno que tienen por delante: es su todo o nada, con en 2015, o en el 73. Como Pinochet y sus hombres: los camioneros amenazan una vez. No hay reglas que los detengan. Es caiga quien caiga. Según su lenguaje, que los enfermos sin remedio mueran; no será un problema de ellos. Nunca lo ha sido. Es parte de Chile.

Total
213
Shares
Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Related Posts