Bolsonaro desvió 1,3 millones de dólares del combate al COVID a programa ligado a la primera dama e iglesias evangélicas

Dinero fue donado al servicio público de salud por empresa de alimentos, para la compra de pruebas rápidas de COVID, pero el gobierno brasileño lo repasó a otro destino con la excusa de que “no eran más necesarias”, pese a que Brasil es uno de los países más afectados por la pandemia y uno de los que menos hace pruebas.


Un reportaje publicado este jueves por el diario brasileño Folha de São Paulo reveló que el gobierno de Jair Bolsonaro desvió una donación de 7,5 millones de reales en favor de un programa administrado por su mujer, la primera-dama Michelle Bolsonaro, y por iglesias evangélicas ligadas a la ministra de Derechos Humanos, la pastora Damares Alves.

Los recursos – que equivalen a 1,3 millones de dólares, o mil millones de pesos – fueron entregados por la empresa de alimentos Marfrig en mediados de abril y destinados originalmente a la Fundación Banco do Brasil. Llegaron a la entidad pública con el objetivo de financiar la compra de pruebas rápidas para detectar el contagio por coronavírus.

Se esperaba que, con ese dinero, el servicio público podría tener hasta 1 millón de pruebas rápidas a partir de julio de este año, sin embargo, en ese entonces, el gobierno de Bolsonaro intervino a través del Ministerio de Derechos Humanos, comandado por Damares Alves, y lo repasó a un programa social llamado Patria Voluntaria.

El programa Patria Voluntaria tiene como objetivo fomentar el trabajo voluntario en Brasil y es administrado por la primera dama Michelle Bolsonaro. Además, cuenta con el apoyo de diferentes iglesias evangélicas, sobre todo de la Iglesia Baptista, a la cual están ligadas tanto la esposa del presidente como la ministra y pastora Alves.

Este viernes, la Secretaria de Comunicación del Palacio de Planalto difundió una nota sobre el reportaje, alegando que la decisión de cambiar el destino de la donación de Marfrig fue tomada porque, para el gobierno, las pruebas rápidas “ya no eran más necesarias”

La evaluación del gobierno es curiosa, para decir lo mínimo. No solo porque Brasil es el tercer país con más contagiados por el nuevo coronavirus en el mundo, con casi 5 millones de infectados – y en aquel entonces era el segundo, ya que la India todavía no lo superaba en el ranking –, además del segundo con más muertos, acercándose ya a los 150 mil fallecidos por la enfermedad. Lo que más sorprende en la excusa del gobierno de Bolsonaro es que diga que las pruebas no son necesarias, en uno de los países que hace menos pruebas en el mundo. Según datos del IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas) referentes a agosto pasado, solamente 8,5% de la población había realizado algún tipo de prueba de COVID-19

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