Arturo Vidal: para bien o para mal

Arturo Vidal: para bien o para mal

La noche del domingo, a través de sus redes sociales, Arturo Vidal emitió una transmisión en vivo en la que difícilmente podía hilar una frase, demostrando su evidente estado etílico. La acción planteó el debate de lo que está bien y lo que no entre sus críticos y seguidores acérrimos. Lo cierto es que, como se dice en todos los cursos de manejo comunicacional: “todo comunica”, y las redes sociales se han convertido en un pilar y hasta la fuente preponderante desde donde los medios han de recuperar la información que termina siendo publicada una y otra vez.


Uno de los fenómenos audiovisuales que rompió todos los récords de transmisión, datos, transversalidad de público e impacto en las redes sociales fue The Last Dance, serie que relata la última temporada del multicampeón de la NBA Chicago Bulls, teniendo como protagonista al incomparable Michael Jordan.

Si bien toda la serie gira prácticamente en torno a la mediática figura de “The Black Cat”, necesariamente debieron rozar los caminos de íconos de la talla de Scottie Pippen, Horace Grantt, Phil Jackson y Dennis Rodman. Lo que se alcanza a visualizar de este último en la serie, no deja bien claro el abismo en el que se adentró en la cúspide de su carrera. Sobre todo cuando casi es motivo de “admiración” para el propio Jordan la capacidad sobrehumana de Dennis de reponerse a la resaca, entrenar como el más destacado y cumplir con sus labores dentro del juego.

El documental del que hablamos comprende los registros de la cadena ESPN de toda esa última temporada, en suma a todo el material de archivo de las gloriosas temporadas anteriores. En ellas se advierte la llegada de Rodman a los Bulls como un hito desde lo mediático. Desde sus excesos hasta su imagen, sin dejar de lado el rendimiento sobresaliente dentro de la cancha. Siendo un jugador insuperable por su ferocidad, su talento, su enorme capacidad de conseguir rebotes y de hacer todo eso pese a sus hábitos, lo transformaron en una leyenda pop que muy rápidamente vio en el éxito y la fama una ventana desde la que no pararía de salir y entrar.

En la misma cadena televisiva, se está emitiendo una serie llamada 30 for 30, la que profundiza en la vida de distintos íconos deportivos. El capítulo que protagoniza Dennis se le llama “Rodman: For better or worse” (para bien o para mal), y durante esa hora de duración, es posible visualizar la extensión y parte de la profundidad en que la vida de excesos que tuvo el alguna vez pívot de los Bulls. Los mediáticos romances, las incontables fiestas y su alcoholismo lo llevaron en numerosas oportunidades a fallar a entrenamientos, a desentenderse de su familia y a tener incluso problemas con la ley.

La inexistente relación con su padre, quien incluso en algún momento se apareció en los partidos de Rodman sólo para intentar acaparar algo de su fama. La tensa relación que sostiene con su madre, en la que esta parece ya estar curada de espanto y preferir no estar enterada del día a día de su hijo, y Dennis no hace otra cosa que complacer esos deseos. Sus orígenes humildes, viniendo de una numerosa familia con precarias condiciones económicas. Como el mundo le cambió totalmente gracias a sus impresionantes condiciones como jugador de basketball. La historia parece estar escrita en un copiar/pegar en paralelo al seleccionado nacional y actual futbolista del Barcelona FC, Arturo Vidal.

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La noche del domingo, a través de sus redes sociales, «El Rey» Arturo Vidal emitió una transmisión en vivo en la que difícilmente podía hilar una frase, demostrando su evidente estado etílico. La acción planteó el debate de lo que está bien y lo que no entre sus críticos y seguidores acérrimos. Lo cierto es que, como se dice en todos los cursos de manejo comunicacional: “todo comunica”, y las redes sociales se han convertido en un pilar y hasta la fuente preponderante desde donde los medios han de recuperar la información que termina siendo publicada una y otra vez.

Pero, ¿es acaso la solución un mejor manejo a nivel de estrategia comunicacional? Son tan numerosos los desaciertos en esta materia como los casos que se han documentado de excesos en los que han tenido a Arturo Vidal como protagonista. Sus apariciones en los casinos de la capital, el bullado caso del «Bautizazo», el accidente de tránsito que involucró a terceros durante la Copa América 2015, los deslices mientras se suponía que la selección debía concentrar, son solo algunos ejemplos. Por otro lado, ha tenido severos cruces e indirectas –muy directas– por redes sociales con compañeros de Selección con los que perdió toda relación. También es muy recordado ese episodio de un video en el que se le puede ver junto a Gary Medel –durante una concentración– coqueteando con una modelo colombiana. Teniendo en cuenta esto, las imágenes que pudimos ver anoche vienen solo a ponerse en una larga fila de otros momentos desafortunados (y que, probablemente, seguirán ocurriendo). Conclusión: no es sólo lo comunicacional lo que se debería resolver.

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Además de su mediática, controversial y llamativa carrera llena de éxitos y fracasos, Dennis tuvo un momento que sorprendió a todos, incluso a sus cercanos. Sin quererlo e incluso declarando no ser un embajador, se convirtió en la primera figura del espectáculo reconocida de EE.UU. en establecer vínculos con Kim Jong-un, en un periodo en el que las tensiones entre Corea del Norte y su país estaban más álgidas que nunca. Esta situación se prestó para que –seguido por sus propias declaraciones– los medios se hicieran un festín con la historia, su imagen pública fuese completamente comprometida desde su posición patriótica y en suma a esto, su alcoholismo fuese un producto más a la lista de ingredientes. En la vereda criolla –guardando las evidentes proporciones entre un dictador y un megaempresario–, Arturo Vidal tuvo un quiebre importante de su imagen pública cuando se vínculo a Andrónico Luksic, inicialmente a través de algunos tweets, para luego concretar su sociedad en lo que al club Rodelindo Román se refiere. El gesto de verlo llegar en un helicóptero para luego abrazarse al empresario fueron dos señales que para el momento que vive el país, desde ese entonces, tuvo eco entre serias críticas a la manera de llevar su condición de base, como venido del pueblo.

Desde que el fútbol es fútbol, sus protagonistas –y sobre todo los exitosos– tienen un tránsito vertiginoso entre las carencias y la fama. Es muy larga la lista de talentosos y genios del balón que han visto terminadas sus carreras por asuntos relativos a sus excesos, a no contar con las herramientas de autocontrol, no manejar los límites de sus comportamientos y trascender más fuera del campo que dentro. No hace falta nombrarlos, los que sobreviven se continúan mostrando en sus redes sociales o por algún video mal intencionado, dejando en evidencia soledad, entorno falso, hostil e interesado, que más temprano que tarde sepultan al que antes era el protagonista. El propio Dennis Rodman se deja ver en una grabación en la que estando ebrio y llorando parece sufrir por no querer enterarse de lo mal que está, de lo vergonzosa de su situación. Quienes padecen esta condición no lo quieren saber, sus cercanos no ayudan y no parecen tener evolución positiva. ¿Qué se puede hacer?

Curiosamente, mientras escribía esta columna, en la misma serie 30 for 30 de ESPN se transmitió el capítulo “George Best: All by himself” (Todo sobre él). Desde ahí se describe la meteórica carrera del joven irlandés que vería la gloria en el poderoso Manchester United y a quien el éxito lo llevó a una posición que terminó sellando su destino. En una de sus declaraciones, siendo aún muy joven dijo: “No creo que tenga nada de malo que un deportista saludable beba un trago y salga cuando se le da la gana. Mientras que entrene duro y haga lo que se le paga por hacer y lo haga bien”. Creo que a todos los fanáticos del buen juego, admiradores de la lucha y amantes del fútbol, nos encantaría poder decirle a ese joven George Best que esa reflexión lo llevaría al destino que es por todos conocido.

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