América I: La “santa” alianza israelo-estadounidense

 

“Se hicieron la América”

 (dicho popular)

 “In God we Trust”

  (Frase inscrita en el dólar)

Una “alianza” que, me parece, es preciso analizar en base a tres dimensiones que articulan la precisión de una misma maquinaria de poder: el mito excepcionalista, el complejo industrial-securitario de tipo trasnacional y, a partir de esas dos dimensiones, la articulación del famoso “lobby” sionista que opera tanto en los EEUU como en el resto del mundo.


1.-Tríada

En un reciente y penetrante a artículo del investigador Joel Beinin titulado “La alianza EEUU-Israel” se interroga en torno a la materialidad económica que sostiene a dicha “alianza”[1]. Ninguna “alianza” constituye una invariante histórica sino más bien responde a un proceso de ensamble cuya complejidad se traza desde el relevo de Gran Bretaña como potencia colonial hasta finales de la Segunda Guerra Mundial por los EEUU como nueva potencia   después de 1945 en el nuevo marco de la “guerra fría”.

Desde ese momento los EEUU, en especial desde la guerra de 1967 (guerra de los 6 días) en que Israel domina Cisjordania y Gaza en Palestina, las Alturas del Golán en Siria y el Sinaí en Egipto (esta última conquista será revocada por los Acuerdos de Camp David de 1979 pero las otras dos se mantendrán hasta la actualidad en contra de los propias resoluciones de NNUU), han tenido una participación cada vez más hegemónica en la región consumándose en la reciente administración Trump al propiciar los Acuerdos del Siglo (entre EUA e Israel) o el traslado de la embajada de EEUU a Jerusalén Este (que actualizó un plan que ya estaba presente para los EEUU desde 1995). En este escenario, pensar la cuestión Palestina implica necesariamente analizar en qué consiste la “alianza” entre EEUU e Israel (más allá de la noción de “lobby” que frecuente se usa) y proyectarla en el contexto de la nueva administración liderada por Joe Biden y Kamala Harris.

Más allá del optimismo desatado inicialmente por el estrecho triunfo de Biden en las frágiles y complejas elecciones contra Trump (donde Trump terminará un poco mal, pero no necesariamente el trumpismo que seguirá dando que hablar), es menester subrayar la histórica relación que se ha ido consolidando con los años, entre EEUU e Israel. Una “alianza” que, me parece, es preciso analizar en base a tres dimensiones que articulan la precisión de una misma maquinaria de poder: el mito excepcionalista, el complejo industrial-securitario de tipo trasnacional y, a partir de esas dos dimensiones, la articulación del famoso “lobby” sionista que opera tanto en los EEUU como en el resto del mundo.

Las tres dimensiones de la maquinaria han convertido esta “alianza” en una de las mayores productoras y distribuidora de armas del planeta al articular un circuito “virtuoso” entre producción de armas y capital. El “mito excepcionalista” ofrece la performatividad de la liturgia (las narrativas que configuran al imaginario sionista), el “complejo industrial-securitario de tipo trasnacional se ocupa de la producción económica del capital (las la industria armamentista gestada por corporaciones y firmas diversas); el lobby sionista termina siendo un efecto propiamente político de las dos dimensiones previas al sellar dicha “alianza” en un conjunto polimorfo de acciones que diversas agrupaciones hacen para presionar en la prensa, partidos u organizaciones hasta llegar a “donar” grandes sumas de dinero a los dos partidos políticos más importantes de EEUU.

  1. a) El mito excepcionalista de la “Tierra prometida”: tanto EEUU como Israel comparten el imaginar un territorio inicialmente habitado (en el caso de EEUU por miles de nativos indios, en el caso de Israel por múltiples comunidades palestina) como si fuera un territorio vacío que solo ellos, los “elegidos”, pueden volver a poblar. Cuando los EEUU se plantean como la “más antigua democracia del mundo” o Israel se plantea a sí mismo como la “única democracia en Medio Oriente” no están sino actualizando dicho mito. Pero, sobre todo, las nociones protestantes acerca de la necesidad de restitución de Sion resultan “endémicas” a la cultura estadounidense[2] que, a su vez, fue heredada del sionismo británico, tal como ha mostrado Sand[3]. Es clave a este respecto, lo que ha considerado la investigadora Roxanne Dunbar-Ortiz al subrayar el tipo de colonialismo implicado aquí: el “colonialismo de asentamiento” consiste en “negar” la presencia del otro, arrasarlo en una guerra de exterminio permanente para volver a poblar dichos territorios que han sido “vaciados” con nuevos “colonos” (que son para sí los “elegidos”)[4]. Hamid Dabashi ha puesto el acento en que esa lógica no es otra que la que el propio filósofo Gilles Deleuze –a propósito de haber sido uno de los únicos intelectuales europeos de la segunda mitad del siglo XX en entender la profundidad de la cuestión palestina y la crudeza del sionismo al establecer sus diálogos con el intelectual palestino Elías Sanbar- identificó bajo la lógica del capitalismo[5]: según Deleuze este último opera en base a la desterritorialización y territorialización permanentes y, en este sentido, encontrará su cristalización en el “colonialismo de asentamiento” que configura tanto la estructura de la colonización estadounidense del territorio desde la llegada del Mayflower en 1620, hasta la israelí cuando se asientan las primeras comunidades de colonos sionistas a principios del siglo XX[6] y sus fuerzas paramilitares (Haganá, Stern, Irgun) asolan a la población árabe[7].
  2. El mito excepcionalista opera aquí de una forma similar a partir: sea la “Tierra prometida” ofrecida a los “elegidos” (colonos protestantes en el caso de EEUU o colonos sionistas, en el caso de Israel). De mas esta decir que, por cierto, algunos países del cono sur americano como Argentina y Chile gestaron sus respectivas “pacificaciones” durante el siglo XIX contra los pueblos nativos a partir de la incorporación del colonialismo de asentamiento como lógica de conquista y por tanto, como forma de expansión territorial del Estado capitalista. A esta luz, el mito excepcionalista permite comprender el racismo estructural presente en el proyecto de los dos países (las dos “democracias”): porque hay “elegidos” el proyecto de la Tierra Prometida (la “democracia”) deviene un proyecto “blanco”, tan blanco como la propia “Casablanca” como visibilización arquitectónica del poder estadounidense o los primeros ministros israelíes que, desde 1948 hasta la fecha, han sido todos de origen europeo.
  • b) Un complejo industrial-securitario trasnacional. El mito excepcionalista y la teología política que ensambla ofrece las condiciones para desarrollar una maquinaria que potencia la circularidad entre armas y capital, guerra y economía. Según Joel Beinin dicho complejo ha llegado a constituir una colaboración permanente entre las principales compañías estadounidenses e israelíes orientadas a la producción de tres tipos de tecnologías securitarias: tecnologías de “contraterrorismo” (la ciberseguridad, drones y otros caben aquí), “vigilancia fronteriza” (la construcción de muros como el que divide México de EEUU y al territorio palestino para consolidar los recursos naturales para los asentamientos israelíes) y el “control poblacional” (encierro de pueblos entre muros o checkpoints, controla flujos de trabajo, aísla comunidades, etc.); tres tecnologías que se apuntalan en un profundo desarrollo de la ciberseguridad[8]. Como si el propio proyecto israelí de sistemática colonización y constante del territorio palestino funcionara como el laboratorio para perfeccionar dichas tecnologías, compañías estadounidenses que operan en Israel (Boeing, etc.) o firmas israelíes que cooperan con los EEUU (Elbit sistems, etc.) han articulado un complejo industrial-securitario de carácter trasnacional orientado exclusivamente a la producción incondicionada de capital con la que la teología política del “mito excepcionalista” necesita de grandes cuotas de producción bélica para profundizar la lógica del colonialismo de asentamiento.
  • En este sentido, desde la aproximación que le ofrece la economía política Beinin nos ofrece un material fundamental para pensar este singular “complejo”, sobre todo cuando subraya cómo EEUU produce muchas veces los materiales técnicos que Israel difunde por diferentes países. Israel ha vendido armas a diversos regímenes dictatoriales en el mundo y/o entrenado a sus policías (cuestión no excepcional a Israel, sino común a la historia de colaboración del movimiento sionista previo a la fundación de Israel[9]): desde la Sudáfrica del apartheid, pasando por el apoyo armamentista a los “contras” en Nicaragua, hasta la venta de armas al Chile de Pinochet; relación, esta última que se mantiene hasta la actualidad, agudizada en el gobierno de Sebastián Piñera cuyo arsenal israelí para la desbocada policía que tiene y sus FFAA ha excedido todos los montos en compra de armamento a Israel que los gobiernos precedentes y que, como sabemos, ha violado sistemáticamente los Derechos Humanos de sus ciudadanos desde las protestas de Octubre de 2019. Y será a partir del complejo industrial-securitario configurado por compañías israelíes y estadounidenses desde donde se “donarán” grandes sumas de dinero a los Partidos Demócrata y Republicano en los EEUU.
  • c) Lobby sionista. El lobby sionista que no es más que una red de intereses que influyen sobre la política estadounidense permanentemente se funda a partir del  que hemos llamado “complejo industrial-securitario de tipo trasnacional” identificado por Beinin y catalizado ideológicamente por una teología política de tipo imperial en la que se nutre el “mito excepcionalista”. Ilan Pappé ha subrayado cómo dicho lobby se urdió a principios de los años 40 y comienza a tener potencia inmediatamente después del fin de la Segunda Guerra Mundial[10]. Pero el análisis de Pappé –que subraya el elemento político y las intrincadas relaciones con las que las redes sionistas impactan en la estructuración de la política estadounidense- debe ser complementado con los análisis de Beinin que hemos expuesto brevemente, no porque la “economía” actúe como “infraestructura” según la otrora tópica marxista, sino porque el “lobby” solo ejerce como red en cuanto defensa y, a la vez, impulso de las corporaciones armamentistas israelo-estadounidenses.
  • El capital de dicho “complejo” podrá ser impulsado solo si el “lobby” no deja de funcionar, como un dispositivo más al interior de su trama. Por esta razón, más allá que triunfen el Partido Republicano o el Partido Demócrata, el “lobby” –que no es ningún espectro “conspirativo” ni un grupo “secreto”- sino una red que actúa transversalmente a ellos a la luz del día- seguirá actuando con independencia de su filiación partidista. Diversas agrupaciones que operan paralelamente ejercen el trabajo de lobby: desde organizaciones sionistas judías, hasta sionistas cristianas no judías (protestantes o no) que enaltecen el mito protestante de la restauración judía de Sion, convergen en la liturgia del capital.  Bajo esta sombra, la “historia de los oprimidos” –podría decir Walter Benjamin respecto de los palestinos- el “estado de excepción” se profundiza como regla.
  • En Chile también opera dicho lobby –como en diferentes países de América Latina. Y es un lobby “transversal” que va desde las derechas hasta las izquierdas que permite “sellar” inmunitariamente el eficaz funcionamiento de la máquina promoviendo “leyes” que criminalizan el “antisemitismo”, término que opera como significante vacío y un término vago, precisamente para hacer eficaz la maquinaria policial de censura y criminalización, en la que cualquier crítica al Estado de Israel, por parte de alguna persona o agrupación puede ser acusada de promover el “antisemitismo”. El chantaje ideológico se pone en marcha: criticar a Israel significa ser acusado de “antisemita”. El efecto de dicho chantaje es, en lo inmediato, la censura, el silenciamiento, la clausura de la libertad de pensamiento.
  • De hecho, el intento, por parte del chantaje ideológico sionista de aplastar cualquier forma de pensamiento, hace “sistema” con la cibernética como infraestructura global del capitalismo neoliberal (que las mismas empresas israelíes y estadounidenses se han abocado a desarrollar): censurar la crítica, despojarnos del debate, imposibilitar la discusión parece ser la característica de nuestros marchitos tiempos “liberales”.
  • En nuestro país, dicho chantaje se expresa en la permanente –y paradójica- disposición por aprobar leyes “progresistas” en el parlamento orientadas a la “anti-discriminación” con las que se pretende incluir el “antisemitismo” con toda la vaguedad del término o bien, lo que recientemente ocurrió con el alcalde Daniel Jadue quien fuera “fichado” por la lista negra del Centro Simon Wiesenthal como “antisemita”[11]. Sin embargo, dicho lobby no solo promueve “leyes” de criminalización, sino también financia diversas actividades culturales como festivales de cine[12], simposios o acuerdos “científicos” de diversa índole como el que, en Chile, firmó ANID durante la estadía de Piñera en Palestina el año 2019 para promover tecnología de desalinización de aguas entre otras materias[13]. Así, la inmunización política propiciada por el “lobby” extendido en diversas partes del mundo, posibilita la generación de toda una campaña de “pinkwashing” (lavado de imagen) de Israel frente a la sociedad civil de los diversos países. De esta forma, el ámbito político-institucional (gobiernos, parlamentos) y la sociedad civil se convierten en dos puntos a los que apunta el lobby sionista para “criminalizar” y, a la vez, “lavar su imagen” parece aparecer bajo una investidura progresista frente a una ciudadanía que, sin embargo, cada día ve cómo Israel se convierte en el referente de la ultraderecha global.

Las tres dimensiones destacadas aquí operan como tentáculos de una misma maquinaria de poder que no tiene mayor consistencia que su propio operar, su misma forma capitalista que la impulsa decisivamente hacia su profundización en virtud del núcleo propiamente “mítico” que le sostiene y que expresa violentamente la teología política que comparten tanto EEUU como Israel que les anuda en un mismo horizonte imperial, en la “santa alianza” que los une pero que ha sido ensamblada –y desafiada colectivamente desde entonces tanto por nativos “indios” como nativos “palestinos”- histórica y políticamente desde fines de la Segunda Guerra Mundial[14].

En la próxima entrega profundizaremos sobre cómo estas tres dimensiones siguen presentes en la administración Biden y cómo la fórmula expresada en la reciente Conferencia de Múnich por la Seguridad “America is back” es la exteriorización de la fórmula de Trump (“Make America great again”) que se muestra crudamente no solo en el retorno de los EEUU a las instancias supranacionales, sino, ante todo, en el reciente ataque en Siria a supuestas “milicias pro-iraníes”[15].

*La versión completa del texto se puede encontrar en revista Disenso: https://revistadisenso.com/karmyamerica/


[1] Joel Beinin The US-Israel Alliance En: Joel Beinin, Bassam Haddad, Sherene Seikaly (eds) A critical political economy of the Middle East and North Africa Ed.Standford University Press, 2021, pp. 196-214.

[2] Joel Beinin op.cit.

[3] Schlomo Sand La invención de la Tierra de Israel. Ed. Alianza. Madrid. 2006.  

[4] Roxanne Dunbar-Ortiz An Indigenous people´s history of the united states. Ed. Beacon Press, 2014.

[5] Gilles Deleuze, Elias Sanbar. Los indios de Palestina. En: Gilles Deleuze Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995). Ed. Pre-textos, Valencia, 2007, pp. 179-183. 

[6] Hamid Dabashi Europe and its shadows. Coloniality after Empire. Pluto Press, 2019. 

[7] Rashid Khalidi The Hundred Years war on Palestine. A History lf Settler Colonialism and Resistenance, 1917-2017. Ed. Metropolitan Books, New York. 2020.

[8] Joel Beinin, Idem.

[9] Lenni Brenner Zionism in the age of dictators. Ed. Lawrence Hill Books. Chicago, 1983.

[10] Ilan Pappé, Noam Chomsky, Gaza en Crisis Ed. Taurus, Madrid, 2005.

[11]https://www.elmostrador.cl/dia/2020/12/29/centro-simon-wiesenthal-incluye-a-daniel-jadue-en-su-top-ten-de-antisemitas-2020-junto-al-ayatola-jamenei-y-la-red-social-telegram/

[12] http://www.movilh.cl/cine/sitios-amigos/

[13] https://www.gob.cl/noticias/ministerio-de-ciencia-firma-acuerdo-con-israel-para-potenciar-colaboracion-en-ciencia-y-tecnologia/

[14] José Luis Villacañas Teología Política Imperial. Ed. Trotta, Madrid, 2016.

[15] https://foreignpolicy.com/2021/02/23/biden-was-right-america-is-back/

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