Alvaro Bellolio y los haitianos: la burla del hombre, la indolencia del Estado

¿Le molesta el haitiano ofreciéndole un producto en la esquina, pero si es chileno no hay problema, no hay ataque, no hay estigma? ¿Un haitiano “botado en la calle” merece mayor desprecio y atención que un chileno “botado en la calle”? En su lenguaje, señor Bellolio, parece que sí, y ahí está la gravedad profunda de sus palabras, que asoman como a todas luces discriminatorias y despectivas.


A Alvaro Bellolio, el jefe de Extranjería y Migración del Gobierno, se le salió la cadena esta semana. En medio de la discusión por la nueva Ley de Extranjería y la impugnación de algunos artículos por parte de parlamentarios de oposición ante el Tribunal Constitucional, Bellolio puso el pie en el acelerador declarando, en un tono entre burlesco y agresivo, que en el Frente Amplio estaban muy contentos y orgullosos de que “ciudadanos haitianos llegaran a Chile sin cédula de identidad y quedaran botados en la calle vendiendo obleas bañadas en chocolate en las esquinas”.

La frase, del todo desafortunada y de mal gusto, pudo haber quedado en una anécdota de la reyerta política diaria; sin embargo, abrió una ola de críticas que acusan el racismo de Bellolio y su mirada despectiva y sesgada de un sector de la sociedad, que haría bien mirar con mayor detención.

¿Qué está detrás de esta frase lanzada como un ataque argumentativo? ¿Cuáles son los prejuicios, simplificaciones y discriminaciones detrás de los dichos de Bellolio? María Emilia Tijoux, Coordinadora de la Cátedra de Racismos y Migraciones Contemporáneas de la Universidad de Chile, considera que Bellolio está “una vez más humillando a las personas migrantes”. El diputado Pablo Vidal, por su parte, cree que “este tipo de delcaraciones fomentan en racismo y la discriminación”. Ambos, dan en puntos claves sobre la gravedad de los dichos de Bellolio en cuanto autoridad del Estado. 

Bellolio, el mismo que con fuerza defendió la instalación de una visa especial para la población haitiana en 2018, destinada a restringir y disminuir arbitrariamente el ingreso de los haitianos a Chile, en lo que fue el primer aviso del gobierno de Piñera de trato especial para los ciudadanos de un origen específico -afroamericano, de lengua no hispana-; hoy hace una declaración irónica que incurre en grave encasillamiento, discriminación y humillación de un segmento de la población que ya es parte de Chile. Y lo que es quizás peor: de su manera de ganarse la vida.

Al apuntar, arbitrariamente con un misil dirigido, a los haitianos como ciudadanos que quedan “botados en la calle vendiendo obleas bañadas en chocolate en las esquinas”, Bellolio no sólo denigra la dignidad de hombres y mujeres que, tal como miles de nacidos en Chile, buscan día a día una manera de salir adelante mediante el trabajo informal que viene a llenar el vacío de un país que se ha ido acostumbrado a mover su economía con cada vez menos protección a sus trabajadores, y en eso no discrimina entre si naciste en San Ramón o en Puerto Príncipe; porque en las ferias navideñas estaban todos juntos, en Estación Central el migrante que vende zapatillas está junto al chileno que fríe las sopaipillas y el que ofrece cigarros americanos. Todos son informales, es un tema país, pero claro, para Bellolio lo relevante es poner la vista en el haitiano que vende Super 8, y usar su imagen en tono patético para defender su argumento político. 

Cabría preguntar ¿Le molesta el haitiano ofreciéndole un producto en la esquina, pero si es chileno no hay problema, no hay ataque, no hay estigma? ¿Un haitiano “botado en la calle” merece mayor desprecio y atención que un chileno “botado en la calle”? En su lenguaje, señor Bellolio, parece que sí, y ahí está la gravedad profunda de sus palabras, que asoman como a todas luces discriminatorias y despectivas. Por otro lado, desconoce y ataca a la tremenda diversidad de la población haitiana, que tal como la chilena o cualquier otra, se compone de distintos tipos de personas; artistas, profesionales, jóvenes que están recién comenzando en un taller mecánico, estudiantes, deportistas; es decir, todas las aristas que componen la sociedad, porque los haitianos no son una masa uniforme encasillable en el estigma del pobre desamparado, eso lo hemos aprendido con el paso de los años.

Ese es el principal daño a la convivencia que provocan las agresivas palabras de Bellolio, jefe de Extranjería, pues al estigmatizar, de facto denigra a un grupo de la población, marcando a los haitianos como iguales en forma y condición menospreciable; y sugiriendo que no sería digno el trabajo de un haitiano vendiendo Super 8, incurriendo en una lamentable actitud humana: denigrar, mirar en menos el trabajo de una persona que se está esforzando por llevar dinero a su hogar y alimentar a sus hijos. Tal como lo haría cualquier chileno, o asiático o europeo si no tuviera un empleo formal o un emprendimiento exitoso.

Ojalá el destino no lo obligue a migrar a un país extranjero en búsqueda de mejores expectativas de vida, señor Bellolio, y tenga que vender productos en la calle para sustentar sus primeros años de estadía, para que luego una autoridad de ese país lo estigmatice por hacerlo ¿Cómo se sentiría?

Mejor sería que se preocupara de atender la grave denuncia que han realizado, en estos días, cientos de haitianos que han recibido cédulas de identidad que vencen en dos días o un par de meses. Las denuncias, expuestas por 24 Horas, dicen que al tener la cédula vencida, los haitianos como cualquier otro extranjero en Chile, tienen serias dificultades para arrendar una casa o para lograr un contrato de trabajo, precisamente las trabas que obligan a muchos ciudadanos a acudir a la informalidad de la que hoy se burla Bellolio. Pero para solucionar este tema nadie se apura. Una muestra más de la indolencia del Estado que esta semana se expresa en la burla de un hombre.

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