Alegre, rebelde y popular: Daniela Serrano, la presidenta de las JJCC que toma la posta de Camila Vallejo en el D12

Es uno de los nuevos rostros que, desde las Juventudes Comunistas, quiere volver a renovar el folio del Congreso Nacional, tal como lo hicieran hace ya casi 8 años sus compañeras Karol Cariola y Camila Vallejo. De hecho, fue presentada por la actual diputada del Distrito 12 como su “sucesora” tras anunciar que no iría por la reelección. Pero Daniela prefiere aparecer en el mapa con su propia historia y sus propias luchas. De la niña que formó su ideología por herencia familiar y escuchando al Quilapayún, a la mujer feminista que ha encarado una vida llena de obstáculos que, hasta ahora, ha superado con rebeldía y alegría.



Daniela se conecta temprano al Zoom en la mañana de un martes de octubre para tener esta conversación. El sol entra radiante por la ventana de su habitación y aún tiene el pelo mojado. “Mejor que sea a esta hora, después tengo todo el día ocupado”, dice. Los últimos meses han sido de arduo movimiento para la presidenta de las Juventudes Comunistas (JJCC). Públicamente, desde el sábado 21 de agosto, cuando Camila Vallejo, actual diputada del Distrito 12, reveló que no iría a la reelección, anunciándola como la carta del partido para aquella disputa por un puesto en la Cámara Baja.

“Con Camila nos conocemos de la trayectoria militante hace más de 10 años. Cuando ella era dirigenta de la Fech y yo dirigenta secundaria del Liceo Nº1 de Niñas. Ahí nos tocó compartir muchas veces en el movimiento social por la educación, además en las coordinaciones que teníamos en el partido como juventud”, cuenta.

“Es mujer, ex dirigente estudiantil, feminista, luchadora, joven, estaría entrando al Congreso más o menos a la misma edad que yo, y nos formamos en la misma escuela, en la de la alegre rebeldía”, fueron las palabras que Vallejo usó para presentarla ante la prensa. Con 26 años, aún cursando la carrera de Administración Pública en la Universidad de Chile, trabajando como secretaria y liderando a la Jota, Daniela tomó una posta que, a sabiendas de su historia como militante comunista, era un desafío –y un mandato– que iba a llegar más temprano que tarde.

“Lo que nosotras siempre hemos conversado con la Camila, y también con el equipo de campaña, es que este es un trabajo colectivo que no depende solo de una persona en particular, o una lideresa en este caso. Ambas nos sentimos muy reflejadas y representadas en nuestra formación como dirigentas juveniles y políticas dentro de una organización que fuera representativa del momento histórico que estamos viviendo, y a esta organización que representa un proyecto político colectivo es lo que nosotras aspiramos representar. No en la representación personal en sí misma sobre las otras, sino en la construcción de un movimiento popular amplio”, relata Serrano.

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Hija de una familia de cuatro hermanos y padres de origen popular, la dirigenta no oculta su orgullo de clase: “Vengo del sector poniente de Maipú, de Rinconada, cerca de la (villa) San Luis”. También cuenta que tiene familiares que son militantes del Partido Comunista “y que ahora están mucho más motivados al ser yo presidenta de la Jota. Algunos, incluso, han vuelto a militar”.

Daniela ingresó al Partido Comunista hace 12 años, en mayo de 2009. “Siempre busqué ser militante de las Juventudes Comunistas”, confiesa, “motivada por mis experiencias de vida, por las injusticias que viví y por mi historia de provenir de una familia de izquierda”, recuerda, pero también, muy inspirada en la figura de Gladys Marín. “Cuando ella muere en 2005, digo que me gustaría ser como la Gladys, entonces venía con esta reflexión desde los 10 años”.

El saber de dónde viene -y no avergonzarse de aquello- le ha permitido tener un cable a tierra y la lucidez necesaria en esos tiempos donde la pradera de la política partidista está en constante cuestionamiento. Algo que tiene incluso antes de que fuera presidenta del Centro de Alumnas del emblemático Liceo Nº1 de Niñas, hace ya una década.

“A mí me marcó mucho el movimiento del 2006. Iba en sexto básico y cuando vi que había cabros y cabras tan preparadas que eran de colegios públicos, empecé a investigar, porque yo también quería ir a uno de esos liceos emblemáticos. En ese entonces, estaba en el gran Liceo Carolina Llona de Cuevas, donde ha pasado todo Maipú (ríe). Quería ver lo que se vive y saber por qué estos cabros y cabras son tan inteligentes. ¡Y me quería tomar el colegio también! (vuelve a sonreír). De hecho, el resultado de mi prueba de admisión al Liceo 1 lo supe después porque en esas fechas estuvo tomado. Y ya desde ese entonces, tenía la perspectiva de que estos colegios eran una herramienta para quienes, desde las periferias, desde las clases más populares, queríamos optar a una mejor educación”.

Al buscar en Internet, no es difícil encontrar su nombre en noticias de archivo relacionadas a la ardua lucha que el movimiento estudiantil dio en 2011. “Nosotros vamos a seguir, este es un movimiento transversal, social, y vamos a seguir movilizados, quieran o no quieran el Ministerio del Interior, Carabineros, el presidente Piñera y el ministro de Educación”, decía desafiante ante las cámaras de televisión, con la subversión e insolencia que le daba la juventud al salir de la 4ª Comisaría de Santiago, tras haber sido detenida en una manifestación en junio de ese mismo año.

“Ya estamos aburridos de la represión que hemos sufrido por Carabineros, ayer no nos dejaron ni siquiera estar afuera de la comisaría esperando a nuestros compañeros detenidos”, se manifestaba cuatro meses después para criticar el accionar de la policía en las movilizaciones que seguían sido convocadas para respaldar al movimiento estudiantil. Uniformada aún con jumper, con sueños adolescentes y utopías que no sabían de imposibles, desde entonces ya reflexionaba sobre los cambios profundos que la patria necesitaba: “esta democracia nos está quedando chica”.

De aquellos años formativos, recuerda una de las frases que más acuñaron y con la que se identificaron en las JJCC. La misma que usó la diputada Vallejo cuando la presentó como candidata. “Cuando ella dice que venimos de la escuela de «la alegre rebeldía», se refiere a que venimos haciendo todo un recorrido desde ese año hasta la fecha”.

La frase, original de los zapatistas –«alegres y rebeldes»–, incluso se convirtió en emblema de su actual campaña a diputada, ya que coincidentemente le tocó AR-121 como número en la papeleta. “AR de #AlegreRebeldía y con ella esperamos llegar hasta el Congreso”, escribió en su Twitter acompañada del emoji del puño en alto.

“Muchas veces a la juventud se le estigmatiza con el vandalismo, sobre todo lo que pasó hace poco, a propósito del aniversario del estallido social, para criminalizar el movimiento juvenil. Cuando nosotros hablamos de ser rebeldes, es para poder rebelarse contra este sistema”.

–La alegría rebeldía es una expresión que –creo– refleja un espíritu y un ímpetu subversivo característico de los jóvenes y que aún no ha sido socavado por el sistema.
–La juventud siempre ha sido protagonista de los movimientos sociales. Incluso, han sido quienes los han empezado. Hay que ver el rol histórico que han cumplido algunas federaciones de estudiantes, pero también ver cómo hoy existen nuevas formas de organización política entre los jóvenes, que no solamente están arraigadas en lo estudiantil, sino que hay una juventud popular que está protagonizando el movimiento social. Esto nos pone contentos porque no es solamente un segmento más elitista, como lo es el universitario o el secundario (aunque siempre fue más heterogéneo en cuanto a su composición de clase), sino que hoy vemos que se siente convocado todo un sector de la juventud, trabajadores, estudiantes, pobladores. Creo que, desde ahí, es súper importante que todo este concepto de la alegre rebeldía venga a resignificar el sentido de la juventud con la responsabilidad que estamos teniendo de este momento histórico. De hecho, cuando postulamos a la Vale (Miranda) para constituyente (en donde fui su jefa de campaña), a la derecha le dio tirria cuando vieron los resultados y vieron que una cabra de origen popular, que se saltó los torniquetes para la revuelta, iba a entrar a la Convención. Y eso es lo que nosotros también queremos para la Cámara de Diputadas y Diputados, que cambie la composición que venimos arrastrando hacia la de un nuevo Chile

–Justamente para la revuelta social, los jóvenes fueron los protagonistas indiscutidos, pero jóvenes diversos entre sí: desde los secundarios que comenzaron a saltarse torniquetes hasta los que conformaron orgánicamente la Primera Línea en las manifestaciones.
–Este es un movimiento juvenil popular muy transversal. De hecho, quienes componían la misma Primera Línea eran cabros y cabras de poblaciones, quienes no tuvieron la posibilidad de ingresar a la educación superior e incluso muchos de ellos no han terminado sus estudios de educación secundaria. Este despertar es claramente es un despertar de clase, que fue convocando a una gran mayoría de la juventud, que no siempre se identificó con el movimiento universitario, pero esta vez sí tenía un arraigo territorial, de población, que es lo que nos hizo falta para el 2006, que fue una protesta mayoritariamente secundaria, y para el 2011, a pesar que fue más amplio no solo porque estaban los universitarios, sino que se involucró a las familias en la Mesa Social de la Educación. Sin embargo, la revuelta es todo el pueblo movilizado, entendiendo que acá todas las distintas demandas caben dentro de lo que estamos debatiendo ahora en la nueva Constitución. Entonces, hay que partir de esta nueva conceptualización de que hoy es profundamente de clase. La gente se está rebelando contra injusticias que sabemos son estructurales y que están vinculadas justamente al modelo económico que instauró la dictadura.

–Y entendiendo también que esta es una lucha histórica, que empezaron, como dices, otros jóvenes de otras generaciones.
–Lo del 2019 es una acumulación de fuerzas y procesos de movilizaciones anteriores, que fueron también protagonizados por jóvenes estudiantes, principalmente, que es parte de lo bonito de esta historia. El 2011 hubo una camada también de dirigentes secundarios en conjunto con todos los que se movilizaron para exigir cambios medulares y una nueva Constitución, y muchos de ellos se volvieron a encontrar en las calles en 2019. Hoy, hablar de un proceso constituyente es el reencuentro de un anhelo de muchas generaciones que fueron acumulando fuerza en este periodo. Incluso muchos y muchas de la generación de los ‘80, donde estaban nuestros padres que se vieron identificados y representados en esta movilización social, viendo una oportunidad de construir la democracia que soñaron, ya que sintieron que la alegría nunca llegó y que la Concertación solo administró el modelo. Entonces, el estallido social es parte de una expresión de muchas generaciones de juventud que fueron alegres y se rebelaron, ya de adultos, por las injusticias de este sistema.

– Seguir involucrando a los “viejos jóvenes”, como decía Allende, finalmente.
– ¡Sí! De hecho, en la configuración política actual, no hay una negación del proceso de la Unidad Popular o de la rebelión contra Pinochet. Tomar lo que han hecho los viejos y las viejas culturalmente, traerlo nuevamente al hoy, es una nomenclatura. Es parte de la historia que hemos ido construyendo junto a las nuevas generaciones que se disponen hoy a un movimiento popular que debe ser mucho más amplio, democrático y cultural.

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La biografía de Daniela se aleja diametralmente a lo que conocemos de los personajes con acervo político, de largas historias de tradición familiar dedicadas al servicio público y con altos vínculos en las esferas del poder y las élites. La suya tiene que ver con las bases: sus padres, “declarados allendistas”, dice, fueron militantes comunistas en los tiempos más difíciles, aún en dictadura y con el partido declarado clandestino, ilegal y terrorista. A quienes el mismo Allende, en sus últimos minutos de vida, llamó a terminar la tarea inconclusa que dejó luego de la traición y la sedición de los militares golpistas.

“Mis papás fueron militantes de las Juventudes Comunistas –ahí se conocieron– en los años ’80, no estaban vinculados al tema estudiantil, pero sí siempre a la organización desde el territorio. Pero orgánicamente, desde los ’90 dejan la militancia, quizás, como muchos y muchas, por la decepción de la alegría que nunca llegó para ellos y porque se dedicaron a su familia: tener y criar hijos, teniendo como principal motivación poder trabajar para poder brindarnos la posibilidad de acceder a la educación superior. Por lo menos en el caso de mi hermano mayor y mío, lo consiguieron, y somos la primera generación de nuestra familia en ser profesionales”.

La historia de perseverancia, trabajo y humildad de sus padres es algo que ha marcado a fuego a Daniela. Sabe por su propia experiencia lo difícil que es salir adelante en un país cuyo sistema devora a las clases populares desde todos los flancos, poniendo la vida cuesta arriba.   

“Mi madre fue trabajadora de retail y mi padre obrero de la construcción. En este contexto, era muy difícil que a todos y todas nos pudiesen entregar todas las condiciones óptimas para estudiar tranquilamente”, relata tranquila y con evidente orgullo de clase. Con esa misma parsimonia y templanza, visibiliza la cruda y difícil situación de sus hermanos menores, atrapados en el complejo y estigmatizado drama que es la adicción a las drogas que cambió radicalmente la vida de ella y su familia.

“Mis hermanos menores, que son gemelos, tienen problemas con adicción de drogas. De hecho, uno de ellos actualmente está en la cárcel debido al consumo problemático que tiene y el otro está arriesgando un juicio que estamos viendo en qué va a terminar. Ellos nos cambiaron la vida con todo este problema: mis padres se fueron de la Región Metropolitana con la esperanza de poder rehabilitar a mis hermanos. Sin embargo, el problema de la droga es estructural: está en todo Chile, en cualquier parte. No existe una posibilidad real de rehabilitación para quienes no tienen los recursos”.

Respecto al problema de sus hermanos, y a sabiendas que es algo que la derecha utilizará maliciosamente para intentar desprestigiarla, Daniela es clara. “Es algo que conversamos como familia. Mi madre está un poco más asustada, porque lamentablemente, como les pasa mucho a las mujeres, se sienten culpable de la crianza de sus hijos, se sentía responsable por algo que cometieron mis hermanos, me estuviese afectando a mí, no entendiendo que el problema no es de ella, sino que es estructural, de un sistema que ha ido destruyendo a los y las cabras más diferentes, más pobres y más populares”.

“Cuando cuento esta situación en una de las primeras entrevistas que me hacen, y hablo del tema de mis hermanos, muchas personas se sorprendieron, incluso del mismo partido, donde esta historia era desconocida, no porque me diera vergüenza, sino porque muchas veces la gente no se explicaba cómo yo podía seguir teniendo tantas responsabilidades sin que el tema me afectara. Y claro, me afecta, pero entendiendo siempre que el problema es estructural, y que desde ahí tenía que atacarlo. Por eso, si alguien quiere sacar este tema, investigarlo, a mí me tiene despreocupada, porque creo que es lo que vive gran parte de nuestra población”.

En su forma de abordar esta problemática, Daniela tiene la virtud de no solo estar interpelando la situación de sus hermanos –“comprendo que no es solo un problema individual de ellos”, apunta–, sino que atacando a la médula una realidad desigual en tanto a la salud en nuestro país. “Si vemos las posibilidades de rehabilitaciones en Chile, en el sistema particular, hay que tener entre 700 y 800 lucas por persona”, menciona, y ejemplifica lo que pasaron con su familia en el sistema público: “esperamos como un año y medio una cama en el psiquiátrico para que a mi hermano lo pudieran desintoxicar. Estuvo solo un mes, le dieron el alta y vuelve a recaer, entonces no hay una posibilidad real de rehabilitación para las familias de la clase popular”.

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Con overol naranja y bailando una cueca usando el pañuelo verde feminista por el aborto libre, gratuito y seguro es como aparece Daniela en uno de los últimos videos que publicó en su Instagram. El registro es un resumen de las actividades de campaña que realizó en la última semana en el Distrito 12, que agrupa a las comunas de La Pintana, La Florida, Pirque, San José de Maipo y Puente Alto. Es acá, en la capital de la provincia de Cordillera, su nuevo domicilio electoral y el lugar donde está viviendo actualmente. Un cambio desde el surponiente al suroriente, entre las dos comunas más pobladas del país. El bajo Chile anónimo.

“En esta candidatura, lo que buscamos es representar los dolores, pero también la esperanza de nuestro pueblo. Y no vamos a hablar en su nombre sin siquiera conocerlo. Hay muchos candidatos y candidatas que por primera vez pisan una feria, un Cesfam, poblaciones del distrito, cuestiones que son parte fundamental de nuestra campaña. Nosotros y nosotras no somos unos aparecidos en el territorio. No he tenido miedo de recorrer el distrito entero, en las poblaciones más pelúas, donde me siento muy identificada con las historias de vida de quienes viven ahí, porque vengo de ahí. Para mí, esto es un compromiso y un desafío que tomé de lleno –y espero estar a la altura–, porque la gente espera verse reflejada en los y las candidatas, y no que éstos aparezcan solo en una actividad de campaña. En mi caso, comparto los dolores que nos ha causado este sistema neoliberal, pero tengo la esperanza que podemos transformar todo lo que nuestro pueblo quiere defender”.

Por su propio origen, Daniela ha llevado a sentirse plenamente vinculada a estos territorios periféricos, populares, estigmatizados y que históricamente han permanecido precarizados y al margen del desarrollo. En su aún calidad de estudiante, la joven comunista dice compartir lo que a muchos y muchas de sus pares también les ha tocado vivir.

“En esos contextos se hace bastante difícil, sobre todo cuando uno comparte, por ejemplo, dentro de una élite universitaria porque no existen condiciones para los y las estudiantes más pobres cuando tienen que trabajar y estudiar. A mi me ha tocado trabajar mientras estudio porque no tengo las condiciones de vida que a lo mejor tienen otros compañeros y compañeras de que sus familias los mantengan mientras están estudiando”.

Debido a distintas vicisitudes, ha tenido que postergar sus estudios e incluso congelar su carrera en reiteradas ocasiones por motivos económicos, razón por lo que, hasta la fecha, aún no ha podido recibirse de administradora pública, a pesar que durante la cuarentena ha tenido clases online. “Para los hijos e hijas de la clase trabajadora, en espacios tan elitistas como la Universidad de Chile, no está garantizada la permanencia”, puntualiza. “De hecho, si uno mira no existe ninguna universidad estatal que pueda dar garantías para estudiantes trabajadores. Finalmente, vamos a seguir teniendo un modelo tan desigual si es que no hablamos de esto en una nueva Constitución, que hoy debe promover una reforma al sistema universitario que sea estructural”. 

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Chile cambió. La frase se ha repetido como un mantra desde el 18 de octubre de 2019. Pero sería de ciegos no visualizar que esos cambios vienen de luchas anteriores, siendo la del movimiento feminista, una de las más significativas en la última década.

Una de las victorias del feminismo, sin duda, ha sido ver florecer sus principios en espacios patriarcales como los partidos políticos de izquierda. Y es en el Partido Comunista que, torciendo su propia historia de invisibilización de mujeres militantes –como el caso de su fundadora, Teresa Flores–, encuentra un ejemplo de notable avance.

Daniela hace su reflexión al respecto: “creo que hay mujeres que son muy rupturistas y que ahora se les valora mucho más de lo que fue en su época, pero que en el momento ninguna se quedó por capacidad. Por ejemplo, cómo ha sido invisibilizada Teresa Flores, siendo fundadora del Partido Comunista, pero minimizada y relegada a la figura de ser “pareja de” Luis Emilio Recabarren. Creo que siempre se ha tendido a ligarnos a las mujeres como la acompañante de un hombre”.

Frente a esto, plantea que “no es entender bien el marxismo” la dicotomía que tuvo en algún momento la izquierda, “con eso de que la clase estaba primero que el género, no viendo que son luchas interseccionales”. Y recuerda que “incluso el rol que jugó Camila (Vallejo) con la Karol (Cariola) siempre fue muy torpededado por los medios de comunicación. Sabemos todas las artimañas, pero siempre sorprendían las que iban con el tono del machismo de por medio, porque las compañeras eran mujeres, eran jóvenes, eran bonitas. Los mitos que se hicieron sobre ellas hoy el movimiento social también los quiere romper y resignificar”.

Desde el PC, en la última década han ido fortaleciendo políticamente a diferentes mujeres líderes. Desde las más jóvenes como Camila Vallejo, Karol Cariola, Bárbara Sepúlveda y Valentina Miranda, entre otras, hasta las que tienen una trayectoria invaluable como el caso de Carmen Hertz. Qué decir de lo que significa Gladys Marín en su historia. ¿Es un espacio ganado por el feminismo frente a la hegemonía patriarcal que tuvo el partido históricamente?
–Bueno, ahora claramente las mujeres comunistas, nuestras lideresas, han estado mucho más en boga y han sido la inspiración de muchas otras como nosotras que esperamos seguir en esta senda y que sigan siendo muchas más. Por otro lado, gran parte de la construcción y acumulación histórica que hizo nuestro partido en las poblaciones estuvo vinculada a movimiento de mujeres, como el MEMCH (Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile), donde también nuestro partido tuvo una expansión muy relevante, centrando la base social en mujeres feministas que con el tiempo fueron invisibilizadas. Esto lo hemos hablado con Claudia Pascual, y estamos de acuerdo con que tiene que transformarse en un océano feminista que constantemente tiene que estar volviendo, porque acá estamos también en un movimiento civilizatorio. Tal como nuestro país ha cambiado, las instituciones y las organizaciones políticas también cambian. Y eso en particular nosotras siempre hemos estado dando una lucha, no tan solo al interior del partido, sino que entendiendo que, dentro del movimiento comunista, en particular las mujeres, las que hemos estado doble o triplemente oprimidas. Hoy somos nosotras quienes tenemos que protagonizar los procesos de lucha que estamos viviendo.

–¿Cuáles son esos procesos?
–Que nos corresponde a esta generación de Juventudes Comunistas entender, como lo hizo Gladys o Karol, que la disputa institucional en el Parlamento es fundamental, que desde ahí también es muy importante la disputa del poder. Creo que los procesos transformadores deben ser encabezados por mujeres. Es tiempo de nuestras compañeras.

–¿Crees que justo en este contexto Camila debió seguir luchando desde el Congreso?  
–Camila es una dirigente política muy relevante para el Partido Comunista y creemos que eso no va a parar ni cambiar, pero tampoco descansa toda la responsabilidad en ella, sino que en todas compañeras de todas las generaciones. Si tus miras las candidaturas, los distritos más estratégicos del PC, en la gran mayoría, están encabezados por mujeres. Claudia Pascual –primera ministra de la Mujer– disputando en el Senado; en el Congreso Karol que va por el D9, Lorena Pizarro en el D13, Alejandra Placencia en el D10, Carmen Hertz en el D8, yo en el D12, entonces son distintas generaciones de mujeres comunistas que hoy estamos tomando una posta que es súper relevante.

– Desde esta perspectiva feminista, ¿te molesta que seas presentada como “la sucesora de”, aunque sea de una mujer como Camila?
– Mira, cuando hacemos el casa a casa en el distrito, me carga que me presenten como la sucesora de Camila Vallejo. Decimos que es un proyecto colectivo, que con ella nos conocemos hace mucho tiempo y que no va a la reelección, pero que yo vengo a representar a esa juventud popular que saltó los torniquetes. Que sabemos que tenemos una responsabilidad histórica con el momento que estamos viviendo, escribir una nueva Constitución que garantice el acceso al agua, a la salud, a la educación, terminar con las AFP y pasar a otro sistema de pensiones es lo más relevante, y bueno, la gente también se queda mucho con eso. Este mismo hecho de que Camila dé un paso al costado es una señal muy potente. Hoy el Congreso necesita que lleguen nuevas voces y creo que la mejor representación está en las Juventudes Comunistas. Hay que entender que ella no salió para que se pusiera otro “emblema” del PC para asegurarle elegibilidad, sino que para pasarle la posta a la Jota, que es de donde ella viene.


Entonces tomas la posta de lo que ha significado el trabajo de Camila como parlamentaria.
–Tomo esta posta de Camila. Eso significa ser la continuidad de muchos proyectos que ella ha impulsado dentro del Congreso, porque lamentablemente algunos están estancados en el Senado y vamos a tener que seguir peleándolos para que salgan. Ahora, esta posta que entrega Camila a las JJ.CC. no la asumo como una posta unipersonal, sino que tomando la responsabilidad como presidenta de la Jota, sobre todo porque ese cupo parlamentario viene desde el territorio, desde la alegre rebeldía. Sin duda son muchos desafíos, que la verdad me tienen un poco ansiosa de repente. Me siento muy responsable, en muchos momentos, porque aparte de ser candidata tengo que seguir encabezando las JJCC, y tenemos igual otras candidaturas a nivel nacional. Yo echo la talla: “de día candidata y de noche presidenta de la Jota”.

***

Cuando sus papás se fueron de Santiago, Daniela tomó la decisión de quedarse sola en la capital, entendiendo que iba a tener que trabajar para poder seguir estudiando en la universidad “y también porque gran parte de mi vida como dirigenta pasa principalmente en Santiago”. Vendió diarios, fue garzona y secretaria. En eso, recuerda los consejos que le daba su padre: “algo que siempre me decía era que me tenía que preocupar solamente de estudiar. De hecho, él me prohibió que fuera de las Juventudes Comunistas”. Quizás, tratando de eludir el dolor de “los años, la vida y su amor”, como Manuel García canta con sorprendente lucidez en ‘El viejo comunista’.

“Entre tanta porfía, le salí presidenta de la Jota”. Daniela sonríe ante su conjetura, reflejando la alegría sana de la limpia victoria alcanzada frente al designio de su progenitor. La alegre rebeldía de una joven feminista, con plena conciencia de clase, que aspira también a ser diputada de la República en representación del distrito con algunas de las comunas más populares de la patria.

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