Al contrario de Javiera Parada, no me alegra que Gonzalo Blumel vuelva a la actividad política

Foto: Agencia Uno

Para Javiera la dicha es tal que el anuncio de su respaldo merece un cierre con fanfarria: “Que bueno que esté de vuelta”, sentencia. Una frase para el bronce que parece sacada de una realidad ficticia, un ensueño en el que Blumel es un estadista comprometido con la paz, un garante de no violencia, un emblema de la justicia y la reparación. Pero luego nos topamos con la realidad y es todo tan oscuro. 


Con qué ligereza, en el sentido más humano, Javiera Parada declara su radiante alegría con el regreso a la actividad política del exministro Gonzalo Blumel. Sin antes detenerse en su contundente responsabilidad en las profundas violaciones a los derechos humanos en los meses del estallido, Javiera, ex RD, ex funcionaria del gobierno de la Nueva Mayoría, “progresista”, se muestra pletórica por la reaparición que para ella es satisfacción, y que para cientos de chilenos y chilenas, para miles, es revivir los peores días de la masacre ejecutada por la fuerza pública comandada, ni más ni menos, que por Gonzalo Blumel.

Para Javiera Parada, la felicidad por el retorno de Blumel la otorga su “mirada sobria”, su “perspectiva y experiencia”, su valoración de “los acuerdos y el diálogo”. Como si los acuerdos y el diálogo fueran en sí mismos los valores que te redimen de todo daño causado, una llave preciosa y vacía que te acerca al paraíso. Para Javiera la dicha es tal que el anuncio de su respaldo merece un cierre con fanfarria: “Que bueno que esté de vuelta”, sentencia. Una frase para el bronce que parece sacada de una realidad ficticia, un ensueño en el que Blumel es un estadista comprometido con la paz, un garante de no violencia, un emblema de la justicia y la reparación. Pero luego nos topamos con la realidad y es todo tan oscuro. 

Y la felicidad de Javiera se vuelve sombría cuando el Blumel de fantasía, aquel construido sobre el suelo sin sangre de los acuerdos como actos sagrados, muestra el rostro real, aquel que quedó grabado en las calles.

Un rostro que carga con cifras escritas con balines y bombas lanzadas a cabezas de mujeres. Es entonces cuando el éxtasis de Javiera se desvanece enfrentado a los hechos, los actos que no resisten análisis ideológicos ni circunstanciales. En apenas dos semanas, según el INDH, el mando de Blumel fue responsable de 823 personas heridas, con daños oculares incluidos, en jornadas en que el angelical hombre celebrado por Parada defendía el uso de perdigones.

Fue exactamente dos días después del crimen contra Gustavo Gatica que Gonzalo Blumel, la joya de la política que Javiera nos quiere hacer pasar como el ejemplo de la bonhomía, se negó a que Carabineros dejara de usar balines en las manifestaciones. “Los cambios pueden terminar en una situación peor”, dijo en televisión, mientras el INDH clamaba por no sumar más Gustavos a sus listas, mientras Gustavo comenzaba a entender el mundo sin luces ni colores, abriendo un camino de llantos y aprendizajes que se extiende hasta hoy. 

Ese es el verdadero historial político de Gonzalo Blumel, uno que jamás se podrá entender sin los nombres de Gustavo Gatica y Fabiola Campillay. Blumel, quien hoy se declara dedicado al mundo de las ideas en Horizontal, quien no descarta ser candidato a constituyente -proceso abierto gracias a la lucha de quienes se convirtieron en sus propias víctimas-, quien se atreve a hablar de los juicios que pronto hará la historia sin reconocer su propios pecados.

Leer su entrevista en La Tercera es leer la historia de un héroe. 

No deja de llamar la atención que, mientras en Perú una manifestación con dos muertos vale el repudio de toda una nación, el rechazo del congreso al gobierno, la renuncia de la mitad de un gabinete y la posterior dimisión del presidente, con toda la prensa alineada en el rechazo a la violación de los derechos humanos, en Chile es precisamente la prensa la que levanta nuevamente a un Blumel impune, un exministro que carga con la respoinsabilidad de crímenes y delitos de su policía y que, en lugar de recibir la condena de todos los sectores políticos “progresistas”, sale a escena bajo el brillo de las luces encendidas por Javiera Parada, carta infalible de los espacios del poder conservador para simular amplitud y representatividad.

Así se sigue levantando la historia después del estallido, con cientos de manifestantes que continúan presos bajo “pruebas” precarias, con un hombre y su sobrino que recién salen de la cárcel tras un año en prisión debido a una falsa acusación de quemar el Metro, y con un exministro responsable -como jefe de la policía criminal- de cientos de violaciones a los derechos humanos que reaparece como un ángel, un mesías bendecido por la cada vez más incomprensible Javiera Parada.

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  1. Desafortunadamente Parada es una mediocre figura enaltazada por una turbia fuerza autodenominada progresista. Las drogas y el alcohol y tal vez su personalidad destruida por la figura del crimen alevoso de su padre.le transformo su vision de que es correcto y que es malvado. Yo la conoci y me decepciono profundamente y ni en.la intimidad ella tuvo ninguna simpatia por las victimas de la dictadura. Era como si ella no fuera la hija de Manuel Parada sino otra persona. Una pena y lo peor es que la critica le da una importancia que no merece. Pobre mujer

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