A propósito de las editoriales del poder

Foto: Agencia Uno

Una respuesta al texto (Editorial) publicado por el medio La Tercera hoy sábado 24 de octubre intitulado: Valparaíso, ¿una nueva “zona de sacrificio”?


El diario La Tercera en su editorial, un día antes del plebiscito constituyente, ha llamado a Valparaíso “Zona de sacrificio”. Este término ha sido acuñado por los movimientos territoriales para señalar las acciones de despojo, degradación y extractivismo de la que son víctimas los ecosistemas y sus habitantes en manos de empresas y sistemas de gobiernos nacionales y locales inescrupulosos. Esta es una de las características más claras de una forma de país oligárquico que entiende su modelo de desarrollo en base a una concepción de crecimiento tendiente a incentivar la concentración económica en manos de unos pocos, mientras las mayorías se endeudan.

Pareciera que estamos de acuerdo en el diagnóstico, sin embargo el texto plantea como causas lo que no son más que consecuencias del modelo de desigualdad que hoy tiene a todo el país movilizado, de cara a un plebiscito constituyente y en medio de una pandemia global: el déficit de vivienda; el desempleo; la quiebra de pequeñas y medianas empresas; la violencia y discriminación que sufren mujeres, niños, niñas, pueblos originarios y diversidades; la mala calidad de la educación, salud y del sistema de protección; del precario sistema de cuidados que recae en los cuerpos de las mujeres; y la baja capacidad y financiamiento descentralizado para la mantención y desarrollo de las ciudades y sus servicios esenciales.

El Editorial pretende que a la autoridad local no le inquieta que no existan proyectos de inversión, cuando lo que hemos señalado, haciéndonos eco de lo que los movimientos locales han planteado durante años, es que la ciudad requiere promover la inversión privada en base a buenos proyectos, que no sacrifiquen el capital territorial sino que lo pongan en valor. En efecto, nuestro marco de acción institucional ha sido:

1) Cambiar el modelo inversión inmobiliaria de torres de gran altura en los cerros de Valparaíso, que avanzaban hacia el modelo de guetos verticales tan cuestionados por todos los sectores en otras comunas, frente a lo que propusimos un modelo dirigido a la propia población con y sin casa de la comuna que permita repoblar los barrios históricos, tal como se indico en la modificación parcial del Plan Regulador.

2) Cambiar el proyecto de mall que privatizaba el espacio publico, declarado ilegal por la Corte Suprema, por uno de parque público, con vocación económica, cultural, patrimonial y de esparcimiento que hoy se encuentra en licitación en el MINVU cuyas obras comenzarían en enero 2021.

3) Cambiar el proyecto de expansión portuaria que no logra destrabarse, y que mantiene a dos empresas portuarias enfrentadas en tribunales, frente a lo que hemos propuesto la necesidad urgente de llegar a un gran pacto portuario que permita, entre otras cosas, modificar ciertos aspectos del proyecto para que este respete condición de ciudad-puerto.

4) Cambiar el hecho que desde el 2012 Valparaíso no cuenta con un Plan de Desarrollo Comunal, frente a lo cual a partir de una estrategia de planificación participativa iniciado el 2019, durante las próximas semanas el Concejo Municipal votará una propuesta de desarrollo para los próximos 10 años de Valparaíso.

Reconoce el editorial que el deterioro de la ciudad es resultante de sucesivas gestiones edilicias. Respecto a la gestión anterior, hemos aumentado en promedio en 10.000 millones de pesos la capacidad de gestión proyectos de la cartera anual y a lo largo de estos cuatro años hemos obtenido un financiamiento por 21.700 millones de pesos a través del gobierno regional y por 13.500 millones de pesos a través de fuentes sectoriales. Si contrastamos este esfuerzo por apalancar recursos para la comuna, contra los 100.000 millones en deudas que dejo la administración anterior, se podrán explicar en parte por que no se avanza a mayor ritmo en revertir la curva de deterioro de la ciudad.

Aun así, en medio de las dificultades que se viven, nuestra Red de Salud Popular, que ya tiene cuatro farmacias populares, dos ópticas, una ortopedia y un laboratorio de análisis clínico atiende ya a más de 100 mil personas y ha permitido un ahorro de gasto de bolsillo en salud de 4.000 millones de pesos a las vecinas y vecinos. Quizás el editorialista quiera culparnos de evitar que se siga lucrando con la salud de la gente. Esa culpa la asumimos gustosos.

Somos un proyecto que se propone la transformación democrática del territorio, que asumimos con un programa que buscaba revertir 30 años tendencias transicionales que habían entrado en crisis en la ciudad. Para ello, nos propusimos profundizar la democracia mediante ejercicios de participación vinculante, desterrar las prácticas de corrupción mediante el mejoramiento de los controles, fiscalizaciones y mayor transparencia y recuperar el patrimonio municipal con una gestión responsable de los recursos para quebrar la tendencia al aumento del déficit. Hemos avanzado, nos hemos equivocado y lo hemos transparentado y asumido. Queda mucho por hacer, por eso vamos por la reelección.

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