15 de junio 1987-2021: De la Matanza del Corpus Christi a los montajes orquestados por Carabineros

La mañana del lunes 15 de junio de 1987, en Santiago centro, Ignacio Recaredo Valenzuela Pohorecky salió de su departamento en las Torres San Borja vistiendo un chaleco que le había tejido su madre para cumplir con sus actividades. Varios ojos seguían el caminar de Valenzuela sin que él lo supiera. Hoy en una nueva conmemoración de la matanza de Corpus Christi, vamos a revisar en el siguiente artículo, en un viaje constante entre pasado y presente develando el accionar criminal de las instituciones del Estado y cómo, a través de burdos montajes, se ha querido establecer una verdad oficial.


El frío otoñal se hace sentir con fuerza durante las mañanas en Santiago. Los chalecos y chaquetas se hacen habituales en un país que ya va a cumplir 15 meses en Estado de Excepción. Los militares se han naturalizado en las calles y Sebastián Piñera, otra vez, canceló una gira internacional. Según él, por razones sanitarias. Sin embargo, tanto en Ecuador como en Europa, había personas y organizaciones que llamaban a juzgarlo por las violaciones a los derechos humanos que ocurrieron y siguen ocurriendo, a partir del 18 de octubre de 2019, y que nos hablan de una historia de represión y muerte.

La mañana del lunes 15 de junio de 1987, el frío otoñal también se hizo sentir con fuerza. En Santiago centro, Ignacio Recaredo Valenzuela Pohorecky salió de su departamento en las Torres San Borja vistiendo un chaleco que le había tejido su madre para cumplir con sus actividades. Varios ojos seguían el caminar de Valenzuela sin que él lo supiera.

Tras casi tres horas de seguimiento, y en las cercanías de la casa de su madre, Ignacio Valenzuela fue acribillado por la espalda por efectivos de la CNI. Álvaro Corbalán llegó a la escena del crimen y en tono altanero les señaló a los periodistas “hoy duerman con las botas puestas”, como un presagio de lo que iba a pasar durante la madrugada del 16 de junio de 1987. Una jornada que dejaría varias víctimas y groseros encubrimientos en busca de la impunidad de sus ejecutores.

Exenciones que hoy se repiten y que, en una nueva conmemoración de la matanza de Corpus Christi, vamos a revisar en el siguiente artículo, en un viaje constante entre pasado y presente develando el accionar criminal de las instituciones del Estado y cómo, a través de burdos montajes, se ha querido establecer una verdad oficial. Una verdad que atenta, indiscriminadamente, contra los derechos fundamentales.

Caen dos montajes: presos de la revuelta son absueltos tras pasar largos meses privados de libertad

El martes 8 de junio de 2021, y tras permanecer 15 y 11 meses en prisión preventiva respectivamente, Kevin Godoy (25) y Leonardo Quilodrán (26) fueron absueltos de todos los cargos que se le imputaban. No existían pruebas en su contra. Sin embargo, las instituciones del Estado operaron para encarcelar y criminalizar la protesta y las denuncias de represión.

Durante el gobierno de Sebastián Piñera se han desbaratado una serie de montajes realizados por Carabineros para justificar sus acciones criminales y en donde, la mayoría de las veces, las víctimas de estos montajes pasan largos meses en prisión preventiva por delitos que jamás cometieron.

Sin ir más lejos, y aunque parezca absurdo, el Estado mantuvo encarcelado por casi un año a Leonardo Quilodrán. Al joven oriundo de Coronel fue detenido el 24 de octubre de 2019 luego de que denunciara, a través de redes sociales, el tipo de proyectil que estaban utilizando los funcionarios de la Armada para reprimir a quienes se estaban manifestando.

El Ministerio Público lo acusó de posesión, tenencia y porte de munición y de sustancias químicas. Además, durante su encierro, el joven denunció torturas por parte de Gendarmería. Un caso que muestra la peor cara del Estado donde no solo se persigue, intimida, sino que se colude para levantar pruebas contra ciudadanos que osan controntarlos.

Inicios de la Operación Albania

Durante la tarde del 7 de septiembre de 1986, un grupo de combatientes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) decidió ajusticiar a Pinochet. Lamentablemente, para sus ejecutores, la operación no tuvo éxito. Sin embargo, al verse frágil ante al enemigo, a quien le había declarado la guerra varias veces, llevó al dictador a comenzar a planificar y ejecutar su venganza a través de la CNI. Unas horas más tarde, en represaría por el accionar del FPMR, fueron asesinados José Carrasco Tapia, Felipe Rivera Gajardo, Gastón Vidaurrázaga y Abraham Mustkablit. Todos fueron secuestrados desde sus casas y ejecutados durante la madrugada del 8 de septiembre.

A partir del mismo 7 de septiembre, la CNI trabajó arduamente para dar con el paradero de los fusileros que hicieron ver frágil a Augusto Pinochet y que habían destruido su seguridad en un par de segundos. Fueron nueve meses de seguimientos, detenciones y torturas para dar con el paradero de 12 militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y quienes, de alguna u otra forma, habían estado conectados con la acción de ajusticiamiento elaborada por la organización armada.

Asesinatos y montajes a plena luz del día en 1987

Aquel lunes 15 de junio de 1987 hacía más frío de lo habitual en Santiago. Ignacio Valenzuela (30), tras hacer un punto en el ex cine California, ubicado en Ñuñoa, caminó hasta la Plaza Ñuñoa para pagar unas cuentas. Posterior a esto, tomó un bus en dirección a la casa de su madre ubicada en la comuna de Las Condes.

Valenzuela no sabía que se estaba desplegando un gran operativo de la CNI para acabar con su vida. Al llegar a la calle Alhué, numeración 1187, a pocos metros de la casa de su madre, tres agentes de la CNI bajaron raudos del vehículo en el que seguían al miembro del FPMR. El agente Acuña Luengo disparó una ráfaga de su Aka, mientras los otros dos también hicieron uso de sus armas de fuegos. Ignacio murió sin ver la cara de sus asesinos, ya que le dispararon por la espalda.

El periodista Hernán Ávalos, según consigna un reportaje publicado en el extinto diario La Nación, trabaja en El Mercurio por aquellos años. Asistió tanto a calle Alhué como a la masacre que se daría horas más tarde en Pedro Donoso. Recuerda que “en el primer sitio, estando muchos periodistas reunidos y el lugar acordonado, se acercó Álvaro Corbalán, quien dio una versión sucinta de los hechos, diciendo que se trataba de un enfrentamiento, agregando un comentario peyorativo acerca de la forma en la que mueren los comunistas. Cuando nos retirábamos, Corbalán nos dijo que durmiéramos con las botas puestas”. Corbalán había llegado pocos minutos después del asesinato de Ignacio Valenzuela. La CNI, en un exceso de confianza, puso en las manos de Valenzuela una granada del Ejército fabricada por Famae y una pistola Browning 9mm para terminar de preparar la escena del crimen y señalar que había sido un enfrentamiento.

Durante la misma tarde del 15 de junio, en el sector sur de Santiago, Patricio Ricardo Acosta Castro (25) se dirigía a la casa de su madre, lugar donde siempre vivió. Caminaba sin prisa por la Calle Varas Mena cuando fue interceptado por 8 agentes de la CNI que vestían ropas deportivas. Patricio recibió varios impactos de balas y fue rematado en el suelo por los agentes sin existir ni siquiera un dialogo. El montaje no se hizo esperar, con la mano aún tibia de Patricio, un agente de la CNI le colocó una pistola para declarar la versión oficial del régimen: había muerto en un enfrentamiento.

Sin embargo, y como el crimen fue cometido a plena luz del día, varios testigos vieron la acción de la CNI. Una vecina del sector declaró que “aproximadamente ocho sujetos se encontraban rodeando a otro que estaba en el suelo. En eso, uno que tenía una especie de metralleta le disparó a la persona que yacía tendida, luego otro le tomó la mano y le puso un arma para posteriormente tomarle una fotografía”.

Patricio tenía un hijo de 6 años. Si bien su matrimonio había terminado, llevaba una muy buena relación con Patricia Quiroz. La CNI, en menos de 24 horas, también la asesinó, dejando a un menor sin sus padres.

Torturas y montajes a plena luz del día en 2019

El 11 de noviembre de 2019, J.F.C.D, se dirigía a su trabajo como jornalero en una empresa constructora ubicada en la Viña Cousiño y que limita con la población Lo Hermida. Ese día, y reclamando soluciones habitacionales, un grupo de allegados de la población decidió ocupar el terreno para levantar un campamento. La represión de Carabineros fue brutal, golpearon, hirieron e incluso quemaron a manifestantes producto de los químicos con los que mezclaban el agua del carro lanza aguas. La represión no cesó luego de desalojar el sector, sino que se trasladó a los pasajes de Lo Hermida.

J.F.C.D, fue avisado de que no podría trabajar en esa jornada por lo que decidió devolverse a su hogar. Cuando estaba a pocos metros de su casa, el trabajador fue detenido y brutalmente agredido por Carabineros. Él solo intentó cubrirse la cabeza para evitar un daño mayor.

No contentos con la brutal agresión que le dieron al joven, el cual quiere mantener su nombre oculto por miedo a represalias, Carabineros detuvo a la víctima e intentaron realizar un montaje. Según ellos, el poblador portaba un cuchillo y los había amenazado. La versión fue desacredita por la investigación judicial y los carabineros que protagonizaron este hecho, Luis Zurita Alarcón y Jonathan Valdivieso Durán, fueron declarados culpables por apremios ilegítimos. 

Lo que pasó en Lo Hermida no fue un hecho aislado, al contrario, fue a gran escala y así lo señalan varios informes internacionales. Sin ir más lejos, el informe de la CIDH deja constancia de la violación al derecho a la vida; del uso desproporcionado de la fuerza en el contexto de manifestaciones, incluidas lesiones a personal que realizaba labores de auxilio y asistencia médica. Además, constata un elevado número de personas que han sufrido traumas oculares como consecuencias del impacto de perdigones o bombas lacrimógenas usados por Carabineros. Junto con consagrar casos de torturas y tratos crueles, inhumanos y degradantes en contexto de las detenciones, donde se denuncian “simulacros de ejecuciones, grave maltrato físico y verbal, golpizas, hacinamiento en lugares sin ventilación y vejaciones injustas a niños, niñas y adolescentes”, entre otros actos.

Destaca estas denuncias de violación y abusos sexuales también en el contexto de las detenciones, donde se “habrían llevado a cabo violaciones y abusos sexuales a personas detenidas, desnudamientos forzados, sentadillas, amenazas de violación y otras formas de maltrato sexual”.

La noche en que la CNI salió a cazar

Julio Arturo Guerra Olivares (29) había estado al mando del grupo N°2 aquella tarde del 7 de septiembre de 1986 cuando un grupo de combatientes del FPMR intentó poner fin a la vida de Augusto Pinochet. Ahora, nueve meses más tarde, se encontraba en un departamento que arrendaba en la Villa Olímpica, comuna de Ñuñoa.

Eran cerca de las 12 de la noche cuando un operativo de la CNI se comenzó a desarrollar en el lugar. Los agentes lanzaron bombas lacrimógenas al departamento donde se encontraba Julio para hacerlo salir. En eso, el oficial de Ejército Fernando Remigio Díaz ingresó al domicilio donde encontró a Julio en el baño. Le disparó en la cabeza a corta distancia y luego trasladó el cadáver hasta el descanso de la escalera en donde le disparó en varias oportunidades más, colocándole una pistola para suponer la existencia de un enfrentamiento.

A la misma hora, pero en el sector sur de Santiago, específicamente en la calle Varas Menas, numeración 417, otro gran contingente de la CNI estaba desplegado en el sector para dejar otro regadío de sangre.

*La segunda entrega de ese artículo será publicada mañana y en donde se abordarán los hechos acontecidos durante la cruda madrugada del martes 16 de junio de 1987, la masacre en Pedro Donoso y de Apoquindo. Además, de los montajes para justificar los asesinatos y la justicia en la medida de lo posible.

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