11 de septiembre: El día del golpe

Seguramente en ese momento todavía no sabía que el principal traidor era Pinochet a quien había nombrado comandante en jefe del ejército, creyendo que era un general constitucionalista. Por eso no lo menciona esa mañana. Solamente denuncia a otro general, uno de menor cuantía.

El día del golpe es el día de la traición.

En la mañana del 11 de septiembre, cerca de las diez de la mañana, fue el último discurso de Salvador Allende.

Le pidió al pueblo que no se dejara arrastrar a una lucha imposible y hablo del futuro, de las grandes alamedas por donde caminaría el hombre nuevo.

Seguramente en ese momento todavía no sabía que el principal traidor era Pinochet a quien había nombrado comandante en jefe del ejército, creyendo que era un general constitucionalista. Por eso no lo menciona esa mañana. Solamente denuncia a otro general, uno de menor cuantía.

Allende combate durante toda la mañana y al mediodía cumple su promesa de no salir vivo de La Moneda. Con eso marca para siempre al principal traidor.

No hay que olvidar esa mañana, con los generales insurrectos intercambiando órdenes. Incluso Pinochet, riéndose, había hablado de poner a Allende en un avión, el que luego se caería.

Pinochet gobierna dieciséis años pero nunca deja de ser lo que fue a partir de esa mañana. Por fortuna para Chile, pierde cuando decide competir por la presidencia. La mayoría de los ciudadanos no habían olvidado ni la traición ni los múltiples asesinatos, torturas y desapariciones que tuvieron lugar durante su dictadura.

Se salvó de la ejecución intentada en 1986 por milicianos de izquierda, pero al final termina de la peor forma posible, esto significa detenido en Londres y sometido a juicio en Chile. Además se comprueba que no solamente es traidor y déspota, además es ladrón, como lo comprueba el asunto del Banco Riggs.

Al final, cuando muere, no se le hace siquiera un funeral un estado, el que les corresponde a los ex presidentes. En realidad no se lo merecía, pues nunca fue electo.

Lo único que se merece es el recuerdo de sus crímenes. Esa es la mejor forma de olvidarlo, conmemorando la traición.

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