10 testimonios de la Comunidad de los que Sobran en torno a la revuelta de octubre

Con motivo de un nuevo aniversario del estallido social, parte de nuestra comunidad relata cómo vivieron, en primera persona, aquel 18 de octubre de 2019.


“Por fin nuestra rabia había salido”

Ruby Haydee Carreño

Recuerdo que todos esa semana estaban trabajando y las estaciones de Metro estaban custodiadas por pacos. El ambiente estaba tenso, la gente como nunca reclamaba por las golpizas y abusos que les daban a los estudiantes y por los comentarios inapropiados y burlescos de las autoridades. Estábamos realmente enojados, se notaba. Cuando llega el 18 de octubre, me pilla en casa y no podía creer lo que pasaba; por fin nuestra rabia había salido con todo. Salí a la calle a juntarme con la gente a manifestarme, a gritar, a tocar la cacerola. ¡Fue increíble!

Foto: Carolina Roca

“Una revuelta sin retorno a ese Chile que no me gustaba”

Jearmín Contreras

El 18 trabajé como siempre en lo que era mi curro de esa época hasta las 22:00 hrs., porque ese día teníamos Club de Lectura. Cuando bajé la cortina metálica y dije “au revoir à lundi”, ya era imposible tomar, acceder o siquiera imaginar algún transporte público y de infantería con algunas colegas o otros usuarios de la Mediateca, emprendí el derrotero a contario sensu. Bajé desde el oriente al poniente (de la cordillera al mar).

Sorteando un mare magnum, descubrí calles, meandros, recodos entre Bellavista y mi querida Plaza Brasil, a la usanza de un bus rural o micro de campo fui dejando en los portales de sus casas a las colegas que me acompañaron en este andar.

Llegué a casa entre humo, miradas atónitas y un permanente cacerolazo en cada esquina del periplo. Igual que Cenicienta a la media noche, estaba en mi departamento, cansada, perpleja con desfile de imágenes pasando por mi cabeza como un rotativo de cine.
Para esta Cenicienta, o sea yo, la media noche de ese 18 de octubre no tenía ni calabaza, ni príncipe azul, ni ratones y mucho menos una zapatilla de cristal.

Esta Cenicienta, o sea yo, traía en mi andar la convicción del fervor popular, de una vuelta, de una Revuelta sin retorno a ese Chile que no me gustaba.

Foto: César Tudela

“Fue hermoso, a pesar del horror de los abusos”

Natalia Bastías

Me emociona hasta las lágrimas estos días previos al 18 de octubre. Recuerdo que la semana anterior anduve en Santiago por los conciertos de King Crimson y Muse (12 y 13 de octubre) y recuerdo haberle comentado a un amigo de Conce con el que me junté para esos conciertos: “oye, los cabros bacanes. ¡Aguante!”, en referencia a los estudiantes que estaban haciendo las evasiones masivas, porque muy en el fondo, con mis 30 y tantos años, sentía que esos adolescentes valientes estaban hablando por mí, haciendo por mí. Por mí y por todos los millones de chilenos de a pie que vivimos para trabajar.

Recuerdo que el 18 (viernes), salí con un amigo en la noche y ya se sabían de los disturbios en Santiago, aunque aún no dimensionaba la profundidad de lo que ocurría. Debo confesar que el 19 empezó en Iquique, y sentí miedo. El 20 salí a comprar y vi cómo habían pintarrajeado el regimiento de militares frente a playa Cavancha, pero ya habían pintado encima. Los cobardes, para eso sí que son rápidos. Ya el 21 salí de mi estupor para aplanar las calles durante meses junto a las amigas más apañadoras del mundo: usamos máscaras de cartulina de Allende, íbamos con afiches (en francés porque lo enseño en la universidad) y participamos de los tecitos rebeldes: nos tomábamos la avenida frente a la playa a tomar once mientras participábamos de cabildos espontáneos con el que estuviera ahí.

Fue hermoso, a pesar del horror de los abusos y atropellos a los derechos humanos. Siempre me sentí ninguneada por la generación de mis papás de que no había vivido la UP o la dictadura “así que no sabes”. Pero sí sé: he leído a Rebolledo, a González, a Matus, a Verdugo, a tantos… estoy segura que sé más de lo que ellos, que estaban vivos pero que no lo sufrieron. Y ahora tuve la posibilidad de luchar activamente contra esos abusos que se están repitiendo.

Como pocas veces, sentí que no estaba de brazos cruzados.

Foto: Miguel Fernández

“Desde ese momento, no paré más

Ana María

Vivo en metro Bellas Artes, durante toda la semana estuve pendiente de lo que pasaba. El miércoles 16 me agarre con los pacos porque se estaban llevando a unas chicas del Liceo 1; me lleve golpes y rasguños tratando de sacarla.

El 18 salí de mi escuela en Maipú a tomar el metro Plaza Maipú, pero estaba todo cerrado y mis estudiantes estuvieron tratando de abrir el Metro. A las tres de la tarde tomé un bus para irme al Centro, pero llegó solo hasta Estación Central, y desde ese lugar caminé a Bellas Artes.

En la tarde me iba a juntar con unos amigues a celebrar el día del profe, llegue hasta Plaza de la Dignidad tipo 20:30 hrs. y llegó solo un amigo. En ese momento comenzó una barricada afuera de la Católica y los pacos  desaparecieron. Estuve hasta las 1:00 de la mañana entre Plaza de la Dignidad y Santa Lucía sacando fotos. Llegue luego a la esquina de mi departamento y caché que se estaba quemando una micro. Me entré medio asustada y se sintió ruido casi toda la noche. Al otro día seguimos con el cacerolazo a las 12:00 y, desde ese momento, no paré más.

Foto: Ana María

“¡No dispares al cuerpo!”

Felipe Madrid

El 18 de octubre estaba trabajando en Dardignac con Pío Nono. Al salir del trabajo a las 16:30 hrs., voy a Bellavista para ir donde mi expolola en Quinta Normal. Eran las 17:00 y no pasaba locomoción. De pronto, pasó un caballero en auto cobrando $2.000 y me dice que me deja en Mapocho con Gral. Velásquez.

Llego y llamo a mi mamá. No contesta. Espero hasta las 19:00 y decido irme a mi casa, en El Monte, ya que mi abuela no podía quedar sola. Tomo una micro a la Estación que me dejó en el metro Quinta Normal, que lo estaban apedreando. Camino por Matucana, veo que hay barricadas en la Alameda entonces dobló por Chacabuco, cruzó pensando que estaba abierta la pasada por Exposición (pero no lo estaba).

Ya medio encapuchado, paso por la Alameda entre manifestantes y pacos escondidos en kioskos. Veo a una señora con su bebé, la tomo y le digo que pasemos rápido. En eso nos apunta un paco con la escopeta lanza lacrimógenas y me salió un grito y le digo al paco ¡no dispares al cuerpo! Para por dos segundos, pasamos y tira la lacrimógena.

Tomó la última micro a mi casa a las 21:00 horas y llego a las 12:30 am a casa, media hora después que mi mamá, porque ella camino de metro Colón hasta la Estación y se encontró con los disparos de los pacos y la salvaron unas locatarias.

Foto: Agencia Uno

“La gente al fin levantaba la voz por tamañas injusticias”

Sol

Aquel 17 de octubre fuimos al cine a ver El Guasón y salí con esa sensación de que vivimos en una sociedad llena de injusticias, que nos abandona y después se queja porque queremos quemarlo todo.

El 18 fue un día raro y no podía dejar de pensar en ese fuego intenso casi al final de la película y la gran metáfora que contenía.

Para ese día estábamos invitados a celebrar un cumpleaños, al que no quería ir porque por  TV vi cómo cerraban las estaciones de Metro y entrevistaban a la gente. Sentía que se venía algo enorme y me embargaba la alegría al ver que los entrevistados apoyaban a los estudiantes. La gente al fin levantaba la voz por tamañas injusticias. Si había que caminar kilómetros, lo harían. Sentí esperanza.

Fuimos al cumpleaños, no sin sentir una extraña contradicción. Estábamos en una terraza con vista a Grecia y vemos pasar cucas, un par de barricadas y cientos de pacos, comenzó el ruido de bombas y el insoportable olor a lacrimógenas.

Nos devolvimos caminando con nuestra hija de siete años, temblando de miedo. Al llegar a la esquina de nuestra casa, nos tiran una bomba lacrimógena para dispersarnos. Eramos un simple matrimonio, con una niña en brazos, que hasta el día de hoy, no olvida.

Sentí que estaba viviendo en ciudad Gótica en el momento que todo estalló, pero esto no era una película. Al día siguiente, el presidente nos declara la guerra, exploté en llanto. Tal vez un llanto contenido por años.

Foto: Juan Hoppe

“Estaba emocionada porque la gente había despertado

Su Zamora

Aquí en Chañaral vivimos sin miedo las marchas y también hicimos algo para esta revuelta.
Como nunca se unió la gente aquí. Estaba emocionada porque la gente había despertado. Salían a las marchas, eran enormes; claro está que en comparación a Chañaral y sus habitantes. Siempre iba adelante de las marchas, gritando, cacerolando y llegando a un punto de la carretera a parar la 5 Norte, una vía vital para la ciudad (la única entrada a 14 kilómetros). Entonces, teníamos tomada la carretera por horas.

Los pacos de aquí nunca nos atacaron, pero sí nos mantenían en vigilancia. Hubo persecuciones a muchas de mis amigas en sus casas, amedrentamiento, vigilancia. A mi no me pasó, pero sí tuve miedo, pues vivía sola y mi casa no tiene cerco y los pacos o algún vehículo raro podía llegar de repente.

Un día, nos tomamos la carretera todo el día. Ahí fue cuático. Los vehículos chicos y algunos buses los dejábamos pasar. Los camiones ni cagando pasaban porque sabíamos que ahí le dábamos a los grandes del país, lamentando obvio a los chóferes que estaban ahí por horas detenidos. Ese día, un piquete de estos chóferes se acercaron al punto neurálgico de la toma de la carretera, ahí me enfrentaron a mí que me puse de frente. Nos gritamos ambos. Yo con ellos y ellos conmigo. Menos mal que no pasó a mayores. Siento orgullo de ese momento porque se tuvieron que devolver a sus camiones. Cuando al fin se terminó la toma, estuvimos más de una hora dejando pasar camiones de un lado a otro.

Ya con el tiempo,las marchas bajaron, al igual que la toma de la carretera. La pandemia hizo lo suyo y ahora cada cual en lo propio. Una pena.

Foto: Luis Andrade

“Una de las experiencias colectivas más lindas que he tenido en la vida”

Josefina Urrutia

A mí el 18 me pilló en turno. Pasé varios días pegada a la tele y las redes sociales sin poder creer lo que veía. Estaba que cortaba las huinchas por volver a Santiago, hasta el martes cuando bajé. Ese día, mi taxi del aeropuerto a la casa se demoró unas dos horas “conejeando” en un trayecto que habitualmente es de 25 minutos.

Dejé el computador en el departamento y salimos con el hombre a Plaza Dignidad a protestar. Ver a esa cantidad de gente motivada y feliz es una de las experiencias colectivas más lindas que he tenido en la vida. Hasta que apareció la Garra Blanca por Bustamante y tuvimos q tirarnos de encéfalo a la vereda para que no nos pasaran por encima. Parecían soldados yendo a la guerra; fue una visión tan hermosa como sobrecogedora.

Foto: Agencia Uno

“Ellas fueron más porfiadas y dejaron el desorden en el Metro”

Ana Rosario

Me acuerdo que, semanas antes, las niñas del Liceo 7, mi hija –que estudiaba ahí– me llama y me cuenta que las niñas saldrán a cortar la calle. Me pregunta su puede ir. “Anda”, le dije, “pero no te metai en el medio”, le advertí porque ella tiene una operación en la columna.

Desde ahí, fueron semanas que tuvieron a los pacos enfrente del liceo. Las amedrentraban todo el rato, y lo peor es que solo algunos papás fuimos a expresar nuestra molestias por eso, hasta que mi hija me dijo “mamá, no vengas porque nos pondrán a todas las que salimos condicional”, así las mantenían tranquilas a la mayoría, pero ellas fueron más porfiadas y dejaron el desorden en el metro en Pedro de Valdivia y en Tobalaba. Me reía sola en la oficina cuando supe. Mi hija hasta salió con un esguince en una de esas arrancadas.

Foto: Agencia Uno

“Sentí a la gente entusiasmada con el ambiente”

Perla

El viernes 18 me costó mucho trabajar. En la oficina estábamos monitoreando lo que estaba pasando a cuadras de ahí (Miraflores con Merced), así que empezamos a decirle a la jefa lo que estaba pasando, hasta que nos dejó salir a las 16:00 hrs. Me vine caminando a la casa contenta y sentí a la gente también entusiasmada con el ambiente.

Cuando se hizo de noche, vi la llama gigante en Enel, supe que estaban quemando las estaciones de Metro y me cagué de miedo. Me sentía en el final del Club de la Pelea, pero sin una mano que tomar. No dormí, pasé la noche a punta de vodka tónica y Twitter (algo que se prolongaría unas semanas).

El 19 me desperté (porque en un momento me quedé dormida) con los cacerolazos a las 12:00 en punto que duraron TODO el día acá, hasta que Piñera nos declaró la guerra y dijo “toque de queda”. Ahí ya me puse a llorar y me dio una crisis de pánico.

Foto:Agencia Uno
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