10% de AFPs: Las lágrimas de La Moneda son la esperanza de un pueblo condenado a la miseria

10% de AFPs: Las lágrimas de La Moneda son la esperanza de un pueblo condenado a la miseria

No es tarea de ellos responder a la preocupación de las AFP por un daño a los fondos; porque la pandemia acentúa el hambre. Siempre se han sentido vulnerados, y el endeudamiento ofrecido como solución por parte del gobierno, lo reciben casi como una burla a sus vidas ya endeudadas, en quiebra. Porque como dice el meme con la figura de El Chavo del 8 “si sacamos el 10% de las AFP las pensiones serán muy bajas” ¿y si no lo hacemos? “También”.

La derrota del gobierno se siente en el aire de Chile. Y la desesperación de las inmaculadas AFP no encuentra calma. El Presidente se toma los pelos, reta a sus ministros, busca razones del bajón. El país, esta noche de frío invierno, ha dado un paso atrevido, inédito, ha lanzado un golpe certero al corazón de un sistema intocable. Y es quizá ese el mayor logro de la aprobación de este proyecto de Ley en la Cámara de Diputados, la fisura de un sistema acostumbrado históricamente a usar nuestros fondos para invertir, sustentar operaciones de grandes empresas y generar sus ganancias; y luego entregar pensiones de miseria. 

Hay que preguntarse por qué en algunos edificios del centro de Santiago se escucharon gritos de triunfo y cacerolas de alegría al confirmarse la aprobación de la iniciativa ¿Qué es lo que celebran los chilenos? ¿Por qué este proyecto que avanza, incluso con votos de derecha, es tan popular? Ciertamente, buena parte de la población ha asumido esta ley como una herramienta para luchar contra las AFP. Se ha asentado la disyuntiva: mi plata conmigo en este momento de crisis y hambre, versus mi plata en las manos de las AFP, las que se acostumbraron a entregar pensiones de hambre y jugar a la ruleta con nuestras cotizaciones.

Más allá de toda la discusión técnica e ideológica que está detrás, muy necesaria, por cierto, se debe entender qué lleva a una persona como la señora María Angélica Ojeda – la profesora de Antofagasta que le ganó el juicio a las AFP, que deben entregarle todos sus fondos según la Corte -, y a otras tanta como a ella a preferir la entrega de sus fondos a la cautela, a la advertencia de que esta acción es un daño a la pensión de su futuro.

Es aquí cuando aparece la sensación del hartazgo. Una década llevan las señoras jubiladas, los viejos que no alcanzan a pagar un pasaje de micro, luchando contra un sistema que por constitución se hace intocable. Una década llevan viendo cómo esas platas siguen echando a andar las danzas millonarias de empresas que luego les ofrecen préstamos y avances en efectivo. Y ya no les queda tiempo para detenerse en la discusión sobre que este proyecto deteriora aún más el modelo de pensiones; porque precisamente lo que sienten como energía movilizadora es el afán de destruir ese sistema, y esta es una oportunidad que celebran, en este Chile de consumo. Será tarea de los políticos, del gobierno, de los empleadores, de nuevas leyes, o de un nuevo sistema, devolver las platas sacadas. No es labor de ellos, que se están muriendo, que no viven de pensiones, sino de trabajos informales y ayudas de los hijos. Cuando el horizonte es el hambre y la respuesta del gobierno es la deuda, la plata fresca, su «pensión adelantada», es comida, vida, derecho.

No es tarea de ellos responder a la preocupación de las AFP por un daño a los fondos; porque la pandemia acentúa el hambre. Siempre se han sentido vulnerados, y el endeudamiento ofrecido como solución por parte del gobierno, lo reciben casi como una burla a sus vidas ya endeudadas, en quiebra. Porque como dice el meme con la figura de El Chavo del 8 “si sacamos el 10% de las AFP las pensiones serán muy bajas” ¿y si no lo hacemos? “También”. Quizás ahí está la respuesta al por qué de la alegría, al porqué buena parte del pueblo en pandemia -no los expertos, no los políticos- siente que este paso en la Cámara es un avance: las AFP están deslegitimadas, no son referentes, no se les cree, porque la condena a la pobreza ya está hecha. No hay esperanza en buenas pensiones, se las percibe como un permanente agente de abuso, y un diez por ciento menos no lo sienten como una diferencia crucial. Al contrario, la sienten como un arrebato a un robo, a un abuso. Y no es responsabilidad de ellos reparar «el daño». Porque el modelo ya no es válido. 

Esta noche el gobierno de Piñera está derrotado. Huele a final triste. Su defensa ideológica de un sistema intocable fracasó estrepitosamente. No bastaron los maletines con la plata de nuevos apoyos a la clase media, plata que hasta ayer no tenían, según su retórica. No pudieron salvar a sus compadres, dirán los viejos que se alegran en las poblaciones. Pero también se abre un inmenso desafío. Se ha abierto una grieta, que puede llegar a impactar el corazón de un modelo único de cotización individual ¿Cómo reemplazar efectivamente los dineros que se podrían retirar? ¿Cómo instaurar con audacia y precisión un nuevo modelo con anclaje en la solidaridad? Mientras el Senado y su cocina se preparan para una nueva batalla, las lágrimas de La Moneda se convierten en la furia de las AFP y en una sorprendente alegría y esperanza en quienes se sienten desde ya condenados a la miseria, en el peor momento económico de nuestra generación.

Sobre el Autor

Richard Sandoval

Periodista y escritor.

1 comentario

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    Muy buena columna Richard ! Gracias por escribirla.

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